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	<title>La mejor herramienta para conquistar lo imposible</title>
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	<description>El método científico, el pensamiento crítico / racional y sus aplicaciones en la vida cotidiana</description>
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		<title>La mejor herramienta para conquistar lo imposible</title>
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		<title>Aprendiendo a pensar críticamente</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Jul 2008 16:46:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>artabrio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Escepticismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Parte de esta entrada está adaptada de La página racionalista de Hernán Toro.
Uno de los argumentos falaces más utilizados por los amantes del misterio y los teístas es la inversión de la carga de la prueba.
Seguro que ha oído usted algo similar a esto: &#8220;No puedes probar que no existe, por lo tanto existe&#8221; en [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=lamejorherramienta.wordpress.com&blog=3710086&post=16&subd=lamejorherramienta&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Parte de esta entrada está adaptada de La página racionalista de Hernán Toro.</p>
<p>Uno de los argumentos falaces más utilizados por los amantes del misterio y los teístas es la inversión de la carga de la prueba.</p>
<p>Seguro que ha oído usted algo similar a esto: &#8220;No puedes probar que no existe, por lo tanto existe&#8221; en alguna ocasión. Bien, pues esto es la falacia de inversión de la carga de la prueba.</p>
<p>El que afirma la existencia de algo (en general el que afirma algo) es el encargado de probarlo.</p>
<p>¿Por qué es esto así? Me explicaré:</p>
<p>Si asumimos por defecto que algo no existe, siempre es posible demostrar que la aseveración inicial era equivocada, basta con encontrar un sólo ejemplo de lo que creíamos inexistente, por ejemplo, si usted afirma que tiene un manzano que da frutos de color azul, para que le crean sólo debe presentar un fruto de tal color para despertar la atención de cualquiera, si después de analizado se concluyera que el fruto es así debido a procesos naturales (y no debido a un proceso artificial de teñido, por ejemplo), usted habría demostrado la existencia de las manzanas azules.</p>
<p>Probablemente a la gente le gustaría también ver (y analizar) su extraño manzano y determinar qué mutaciones genéticas han permitido que dé unos frutos tan singulares. Pero usted en todo caso habría demostrado su afirmación inicial.</p>
<p>Por otra parte, si asumimos por defecto que algo existe, y ese algo en cuestión no es probablemente imposible (como un número primo mayor que todos los otros números primos), demostrar que la afirmación inicial es inválida requeriría una búsqueda exhaustiva de todos los lugares en que se pudiera encontrar, en un momento concreto del tiempo. Tal búsqueda es imposible.</p>
<p>Por eso se acepta que algo no existe hasta que no haya evidencia de lo contrario.</p>
<p>Esta asunción tácita la hace todo el mundo casi todo el tiempo. La gente no cree en unicornios aunque es un imposible lógico probar que no existen, sin embargo muchos inhiben su sentido crítico y su razón cuando hablamos de seres sobrenaturales (dioses, demonios, fantasmas, etc &#8230;)</p>
<p>No acepte el argumento falaz de la inversión de la carga de la prueba, si alguien afirma la existencia de algo ínstele a que lo pruebe, si trata de invertir su responsabilidad demuéstrele que está en un error y que tal actitud es sofista.</p>
<p>Otra de las afirmaciones de los magufos y crédulos es que los escépticos son &#8220;incrédulos o dogmáticos&#8221; o que &#8220;no tienen la mente abierta&#8221;</p>
<p>Respuesta adecuada:</p>
<p>&#8220;Afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias&#8221;, la cita es del filósofo David Hume.</p>
<p>Consideren que un amigo suyo les hace las siguientes afirmaciones:</p>
<p>* &#8220;El fin de semana pasado ví la última de Spielberg&#8221;<br />
* &#8220;Tiré un dado y me salió un 5&#8243;<br />
* &#8220;Tengo en mi cocina un frasco con seis kilos de harina&#8221;<br />
* &#8220;Mi primo mide 1&#8242;85 metros de altura&#8221;</p>
<p>Este tipo de afirmaciones no requieren de evidencia para ser automáticamente creídas, cientos de miles de personas van al cine los fines de semana, la probabilidad de sacar un cinco al tirar un dado es de una entre seis, la harina es barata y está disponible en cualquier supermercado, mucha gente mide 1&#8242;85.</p>
<p>No confiar en la veracidad de tales afirmaciones raya en una incredulidad irracional.</p>
<p>Supongan, por otra parte que su amigo afirma:</p>
<p>* &#8220;El fin de semana pasado estuve en una reunión privada con George Bush Jr.&#8221;<br />
* &#8220;Lancé un dado diez veces seguidas y en cada lanzamiento salió el 5.&#8221;<br />
* &#8220;En mi cocina hay un bote con seis kilos de oro de 24 kilates&#8221;.<br />
* &#8220;Mi primo mide 2&#8242;30 metros de altura&#8221;</p>
<p>En este caso, cada una de las afirmaciones es bastante improbable:</p>
<p>George Bush es una persona muy importante. Sólo se reune con importantes funcionarios y mandatarios internacionales bajo estrictas medidas de seguridad. Decir que se tuvo una reunión con el Presidente de los Estados Unidos es una afirmación extremadamente importante, si viene de uno de nuestros amigos, alguien común y corriente.</p>
<p>Es posible, aunque difícil, sacar un &#8220;5&#8243; dos o tres veces seguidas con un dado. Por otra parte, sacar 10 veces un 5 es extremadamente improbable. Las probabilidades de esto serían de una entre 60.466.176; es decir aproximadamente de una entre 60 millones, que es comparable a ganar la lotería. Una afirmación de este tipo es altamente improbable.</p>
<p>Considere ahora los seis kilos de oro. El oro es un material extremadamente caro. Poseer seis kilogramos de oro es equivalente a poseer una gran fortuna&#8230; Sólo unas pocas personas en el mundo podrían permitirse el lujo de tener tal cantidad de oro de 24 kilates en un frasco de la cocina. Si su amigo es una persona común y corriente, entonces esta afirmación también es altamente improbable.</p>
<p>Asímismo, sólo un puñado de jugadores de Baloncesto de la NBA sobrepasan una estatura de 2&#8242;10 metros. Decir que tu primo mide 2&#8242;30 metros resulta muy improbable.</p>
<p>Ante cada una de las afirmaciones previas tendríamos todo el derecho de exigirle pruebas a su amigo para poder aceptar sus afirmaciones. Pruebas adecuadas serían que nos mostrara el oro (verificando que sí lo sea); que nos mostrara una foto de la reunión o del primo gigante (verificando que no sea trucada) o mejor aún, llevándonos a la reunión; y pidiendo un video de los 10 lanzamientos de dado. Estas afirmaciones tan improbables requieren una evidencia muy fuerte.</p>
<p>Por último, considere las siguientes afirmaciones de su amigo.</p>
<p>* &#8220;El fin de semana pasado estuve en la luna&#8221;<br />
* &#8220;Lancé 100 veces seguidas el dado y me salió todas las veces el 5&#8243;<br />
* &#8220;En mi cocina hay un frasco con seis kilogramos de Einstenio&#8221;<br />
* &#8220;Mi primo mide 7 metros de altura&#8221;</p>
<p>Cada una de estas afirmaciones es prácticamente imposible. Afirmaciones tan extraordinarias requieren una evidencia extraordinaria, por parte de quien las propone.</p>
<p>Una buena evidencia del viaje a la luna sería la noticia en periódicos y telediarios mundiales, del lanzamiento de una nueva misión lunar, en la cual participó &#8220;Juan Pérez González&#8221;, el nuevo miembro español de la tripulación (nuestro amigo).</p>
<p>Del lanzamiento de los dados, una buena evidencia sería que un comité de prestidigitadores y científicos, filmando desde diversos ángulos y revisando los dados, con el fin de descartar el fraude emitieran su juicio y la filmación que lo atestiguara.</p>
<p>Lo del Einstenio es una completa estupidez&#8230; Sólo en avanzados aceleradores de partículas como el del CERN se logran sintetizar nanogramos (milmillonésimas de gramo) de tales elementos, y su vida media es tal que se descomponen rápidamente. Seis kilos de Einstenio en un frasco es un imposible físico. Una buena evidencia de que esto es cierto, sería que llegara una nave extraterrestre (en vivo y en directo) con seres que tuvieran un avance tecnológico de unos 100.000 años con respecto a nuestra tecnología, y que nos mostraran el dispositivo de generación y de almacenamiento de Einstenio en funcionamiento. (Es prácticamente igual de imposible)</p>
<p>Por último, nadie jamás ha sobrepasado una altura de 3 metros. Física y biológicamente hay impedimentos insalvables para que un ser humano alcance tal altura. Una buena evidencia de esto sería mostrar al individuo de 7 metros, vivo y coleando.(También prácticamente imposible).</p>
<p>Cada una de las últimas afirmaciones es tan &#8220;astronómicamente&#8221; improbable que podemos descartarla con total seguridad diciéndole &#8220;gilipolleces&#8221; o soltándole una sonora carcajada a la cara a nuestro mitómano amigo.</p>
<p>Resumiendo, el escepticismo no es una incredulidad ciega. Es una duda metódica que tiene en cuenta lo que se conoce acerca del universo para exigir pruebas en una medida proporcional a la improbabilidad de la afirmación que nos planteen.</p>
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		<title>Lo que el Escepticismo no debe ser</title>
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		<pubDate>Mon, 26 May 2008 20:59:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>artabrio</dc:creator>
				<category><![CDATA[carga de la prueba]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Afirmaciones extraordinarias requieren de pruebas extraordinarias&#8221;. Esta frase, atribuida erróneamente a Carl Sagan, pertenece al sociólogo Marcello Truzzi, cofundador del movimiento escéptico fallecido a principios de 2003. En esta nota refleja la posición por la que bregó durante casi 30 años de investigar lo paranormal. Vale la pena.
A lo largo de varios años, he condenado [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=lamejorherramienta.wordpress.com&blog=3710086&post=14&subd=lamejorherramienta&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>&#8220;Afirmaciones extraordinarias requieren de pruebas extraordinarias&#8221;. Esta frase, atribuida erróneamente a Carl Sagan, pertenece al sociólogo Marcello Truzzi, cofundador del movimiento escéptico fallecido a principios de 2003. En esta nota refleja la posición por la que bregó durante casi 30 años de investigar lo paranormal. Vale la pena.</p>
<p>A lo largo de varios años, he condenado el mal uso del término &#8220;escéptico&#8221; para referirse a quienes cuestionan las afirmaciones sobre anomalías. Lamentablemente, el término ha sido abusivamente utilizado de esta forma tanto por partidarios como por críticos de lo paranormal. A veces, quienes lo emplean diferencian entre los llamados escépticos &#8220;blandos&#8221; [soft] y los escépticos &#8220;duros&#8221; [hard], y este mal uso fue uno de los motivos que me llevaron a revitalizar el término &#8220;zetétic&#8221;..</p>
<p>Pero ahora pienso que los problemas creados van más allá de la mera terminología y ha llegado la hora de corregir la situación. Dado que -en términos correctos- &#8220;escepticismo&#8221; se refiere más a la duda que a la negación -incredulidad en lugar de creencia-, los críticos que adoptan la posición negativa en vez de la agnóstica, pero siguen autodenominándose &#8220;escépticos&#8221;, son de hecho pseudoescépticos y, según creo, han ganado una falsa ventaja usurpando ese título.</p>
<p>En ciencia, la carga de la prueba recae en quien hace la afirmación, y cuanto más extraordinaria es ésta, más pesada es la carga de prueba que se le debe exigir. El verdadero escéptico toma una posición agnóstica, según la cual no se rechaza una afirmación sino que considera que ésta no está probada. Se afirma que el defensor de aquella afirmación no sustentó la carga de la prueba y que la ciencia debe continuar construyendo su mapa cognitivo de la realidad sin incorporar la afirmación extraordinaria como un &#8220;hecho&#8221; nuevo.</p>
<p>ANTES DE AFIRMAR O NEGAR, PROBAR<br />
Considerando que el verdadero escéptico no hace ninguna afirmación, tampoco tiene la obligación de demostrar nada. Se limita a seguir utilizando las teorías establecidas por la &#8220;ciencia convencional&#8221;, como siempre. Pero si un crítico afirma que tiene evidencias para una refutación, es decir, que tiene una hipótesis negativa -asegurando, por ejemplo, que un aparente resultado psi era en realidad un resultado espurio derivado de los procesos de control o de análisis- entonces está haciendo una afirmación y por lo tanto también debe lidiar con el peso de la prueba. A veces, los críticos hacen afirmaciones negativas bastante extraordinarias -por ejemplo, que un OVNI era un plasma gigantesco, o que alguien en un experimento psi obtiene pistas mediante una capacidad anormal para captar sonidos que pasan desapercibidos a los oídos normales-. En tales casos, el crítico que afirma también debe lidiar con una carga de prueba más pesada que la que se espera normalmente.</p>
<p>Los críticos que hacen afirmaciones negativas, pero que erróneamente se llaman &#8220;escépticos&#8221;, frecuentemente actúan como si no tuviesen absolutamente ninguna carga de prueba sobre ellos, aunque tal posición sólo sería apropiada para el escéptico agnóstico o verdadero. Una de las consecuencias de esta situación es que muchos críticos parecen creer que basta con presentar una argumentación fundada en la plausibilidad de su contra-afirmación, sin necesidad de presentar evidencias empíricas. Así, si en un experimento psi un individuo tuvo una oportunidad para cometer fraude, muchos críticos parecen asumir no sólo que probablemente lo hizo sino que debió hacerlo, sin importar la completa ausencia de evidencias de que él realmente lo hiciese y, en ocasiones, llegando incluso a ignorar la honesta reputación del individuo en cuestión. Del mismo modo, a veces se considera que unos procedimientos impropios de generación de números aleatorios bastan para explicar las elevadas puntuaciones psi de un sujeto, aunque, en realidad, todo lo que ha podido demostrarse es que tal posibilidad es real. Por supuesto, el peso probatorio del experimento se reduce mucho cuando descubrimos un fallo en su diseño que permitiría que un efecto espurio confundiese los resultados. Descubrir una oportunidad de error debería convertir tales experimentos en menos probatorios, e incluso en poco convincentes. Pero generalmente tal hallazgo refuta sólo aquellas afirmaciones según las cuales el experimento fue &#8220;a prueba de errores&#8221;, pero no a la anomalía en sí.</p>
<p>LA PRESUNCIÓN NO ALCANZA<br />
Mostrar que una evidencia no es convincente no ofrece base suficiente como para descartarla por completo. Si un crítico afirma que el resultado era debido a un fallo X, ese crítico tiene entonces la carga de la prueba de demostrar que el fallo X pudo producir, y probablemente lo hizo, tal resultado bajo tales circunstancias. Es verdad que, en algunos casos, la apelación a la simple plausibilidad de que un fallo produjo el resultado obtenido puede ser tan grande que casi todos aceptarían el argumento; por ejemplo, cuando descubrimos que alguien que ya había engañado en el pasado tuvo oportunidad para volver a hacerlo en esta ocasión, podríamos concluir razonablemente que este sujeto volvió a engañarnos en esta ocasión. Pero, en muchos casos, el crítico que se conforma con argumentar la plausibilidad de un posible fallo, cierra la puerta de investigaciones futuras cuando el correcto método científico exige que la hipótesis de que pudo haber fallas también debería ser probada. Por desgracia, la mayoría de los críticos parecen felices quedándose sentados en sus escritorios y elaborando explicaciones post hoc. Cualquiera que sea el final de la verdadera historia, la mejor manera de que la ciencia progrese es a través de las investigaciones de laboratorio.</p>
<p>Por otro lado, los partidarios de una afirmación anómala que reconozcan esta falacia pueden ir demasiado lejos en dirección contraria. Algunos argumentarán, como [César] Lombroso cuando defendió los poderes de la medium [Eusapia] Palladino, que la presencia de peluca no niega la existencia de cabello verdadero. Todos debemos recordar que la ciencia nos puede contar lo que es empíricamente improbable, pero no lo que es empíricamente imposible. En ciencia, la evidencia siempre es una cuestión de grado y raramente es, si es que lo es alguna vez, absolutamente concluyente. Algunos defensores de anomalías, al igual que algunos críticos, parecen poco dispuestos a considerar las evidencias en términos probabilísticos, aferrándose a cualquier cabo suelto como si el crítico tuviera que refutar toda las evidencias presentadas en cada afirmación particular. Tanto críticos como partidarios necesitan aprender a pensar que en la ciencia, como en los tribunales, la adjudicación de causalidad es imperfecta y con grados variados de prueba y evidencia. La verdad absoluta, como la justicia absoluta, raramente es alcanzable. Nosotros sólo podemos hacer todo lo posible para aproximarnos a ella.</p>
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		<title>La carga de la prueba</title>
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		<pubDate>Thu, 22 May 2008 19:30:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>artabrio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Método científico]]></category>
		<category><![CDATA[Add new tag]]></category>

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		<description><![CDATA[Es un principio muy utilizado en Derecho y que tiene aplicaciones diversas decir que “quien afirma algo tiene la obligación de probarlo” y consecuentemente que quien se limita a negar la existencia de un hecho o situación dada no tiene obligación alguna de probar la exactitud de su postura, aunque esté en condiciones de hacerlo. [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=lamejorherramienta.wordpress.com&blog=3710086&post=12&subd=lamejorherramienta&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Es un principio muy utilizado en Derecho y que tiene aplicaciones diversas decir que “quien afirma algo tiene la obligación de probarlo” y consecuentemente que quien se limita a negar la existencia de un hecho o situación dada no tiene obligación alguna de probar la exactitud de su postura, aunque esté en condiciones de hacerlo. Así, por ejemplo, en un caso de filiación el supuesto padre podría probar que no estuvo en el país en el momento de la concepción del niño que se le atribuye y demostrar además a través de un estudio que existe una incompatibilidad genética entre ambos; sin embargo basta con que la madre presente prueba insuficiente para que se rechace su pedido.</p>
<p>Esto se basa en un principio más amplio: el Juez debe ser imparcial y considerar los dichos de todos los involucrados en la causa, pero debe fallar en base a las pruebas que se le presentan; si no hay prueba se produce un vacío de información que no puede llenar por cuenta propia y en consecuencia debe prevalecer la falta de acción ante un estado de indeterminación (o sea que no puede actuar ante una realidad que no conoce y debe dejar las cosas como están).</p>
<p>En ciencia el principio es el mismo ya que ante la falta de información respecto de un tema específico se dejan las cosas como están, o sea indeterminadas. Este es un principio lógico basado en un escepticismo básico que impide que se pierda tiempo y esfuerzos en algo que puede resultar falso o inexacto, ya que en ese caso devendría prácticamente imposible cualquier avance concreto en materia alguna, debido a que pueden llegar a existir incontables hechos de estas características (un análisis profundo de cada uno de ellos resultaría interminable). Así que, por ejemplo, para afirmar científicamente “esto es una hoja de papel” el interesado debería probarlo en base a un análisis químico del objeto que tenga en cuenta la definición de papel aceptada por la Ciencia; mientras tanto puede considerar que tiene un objeto con las características de una hoja de papel y dicha afirmación sería poco objetable al no entrar en contradicción con conocimientos adquiridos. En cambio, si afirmo “esta hoja de papel tiene sentimientos inmateriales que derriten rocas en Alaska” la prueba resultaría muy complicada de obtener, cuando no imposible; si además es contradictoria con los conocimientos químicos, físicos y geológicos que se poseen se considerará que se tiene una hoja de papel común y que el resto de la afirmación carece de sustento hasta tanto quien la sostiene aporte las pruebas pertinentes (un juez considera al objeto que tiene en su escritorio como una hoja de papel, pero dejaría en libertad a alguien acusado de hacerla sufrir); suponer que no se ha probado que la afirmación sea falsa y que por ello es cierta implicaría un caos teórico (se deberían modificar conocimientos anteriormente probados) y práctico (habría que establecer, por ejemplo, si resulta deseable o inconveniente fabricar hojas de papel de esas características).</p>
<p>Imaginarse un mundo donde todas las afirmaciones tengan el mismo valor (independientemente de que estén o no probadas) resulta revelador: gente que deja de alimentar a sus hijos porque afirma que eso les causa daño; epidemias difundidas ante la eventualidad que resulten beneficiosas; homicidios justificados en los cambios de temperatura de un planeta invisible; el idioma, al necesitar reglas fijas y arbitrarias, no existiría, ya que cada persona se comunicaría como lo crea pertinente; finalmente lo mismo podría decirse de toda actividad social. En resumen, sería un mundo irracional donde cada uno haría lo que considere correcto, aunque tenga en realidad resultados catastróficos.</p>
<p>De todo lo hasta aquí expuesto se puede inferir que el método científico de conocimiento implica dejar de lado lo indeterminado y aceptar sólo los hechos o teorías que tengan respaldo en pruebas concretas, incorporándoselos a lo ya conocido recién en el momento en que dichas pruebas son evaluadas favorablemente; esto ha permitido el rápido avance del cuerpo de conocimientos principal al dedicarse sistemáticamente a cuestiones con posibilidades concretas de éxito. De esta manera la Ciencia, escepticismo mediante, ha obtenido logros de otra manera imposibles.</p>
<p>En cambio, en materia de pseudociencia este principio es frecuentemente violado en oportunidad de dar fundamento a sus afirmaciones, invirtiendo su significado al utilizar frases del tipo “nadie puede demostrar que los OVNIS no son naves extraterrestres, por lo tanto hay que considerar que sí lo son”, lo cual equivale a decir “si puede ser, entonces es”. Esto implica transformar la posibilidad en un hecho, y hace de las pseudociencias un conjunto caótico de datos no probados, inconexos e incluso contradictorios entre sí, que son aceptados sólo porque la premisa es que el conocimiento a incorporarse es válido hasta tanto sea fehacientemente probada su inexactitud, lo cual suele resultar imposible debido a la utilización en la defensa de argumentos no susceptibles de verificación (con sólo decir de algo que es “inmaterial” basta para “probar” su existencia).</p>
<p>En conclusión, la Carga de la Prueba constituye un Principio fundamental, cuya utilización correcta (basada en la lógica y la experiencia) indica que todo aquello que no alcanza a cumplir con los requisitos exigidos para constituirse en Hecho Probado es simplemente algo indeterminado, de lo cual solamente puede decirse que tiene un mayor o menor grado de posibilidades de resultar correcto (entrando usualmente en este análisis elementos como la intuición o la creencia que indican justamente su falta de certidumbre); ésto es lo que hace la Ciencia y constituye una característica que ayuda a diferenciarla de la Pseudociencia.</p>
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		<title>La pseudociencia es distinta de la ciencia errónea</title>
		<link>http://lamejorherramienta.wordpress.com/2008/05/19/la-pseudociencia-es-distinta-de-la-ciencia-erronea/</link>
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		<pubDate>Mon, 19 May 2008 19:56:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>artabrio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Carl Sagan]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia y Pseudociencia]]></category>

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		<description><![CDATA[La ciencia avanza con los errores y los va eliminando uno a uno. Se llega continuamente a conclusiones falsas, pero se formulan hipotéticamente. Se plantean hipótesis de modo que puedan refutarse. Se confronta una sucesión de hipótesis alternativas mediante experimento y observación. La ciencia anda a tientas y titubeando hacia una mayor comprensión. Desde luego, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=lamejorherramienta.wordpress.com&blog=3710086&post=10&subd=lamejorherramienta&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>La ciencia avanza con los errores y los va eliminando uno a uno. Se llega continuamente a conclusiones falsas, pero se formulan hipotéticamente. Se plantean hipótesis de modo que puedan refutarse. Se confronta una sucesión de hipótesis alternativas mediante experimento y observación. La ciencia anda a tientas y titubeando hacia una mayor comprensión. Desde luego, cuando se descarta una hipótesis científica se ven afectados los sentimientos de propiedad, pero se reconoce que este tipo de refutación es el elemento central de la empresa científica.</p>
<p>La pseudociencia es justo lo contrario. Las hipótesis suelen formularse precisamente de modo que sean invulnerables a cualquier experimento que ofrezca una posibilidad de refutación, por lo que en principio no pueden ser invalidadas. Los practicantes se muestran cautos y a la defensiva. Se oponen al escrutinio escéptico. Cuando la hipótesis de los pseudocientíficos no consigue cuajar entre los científicos se alegan conspiraciones para suprimirla.</p>
<p>Carl Sagan, El mundo y sus demonios,<br />
capítulo primero.</p>
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	</item>
		<item>
		<title>La actitud científica contra la anticiencia y la pseudociencia</title>
		<link>http://lamejorherramienta.wordpress.com/2008/05/18/la-actitud-cientifica-contra-la-anticiencia-y-la-pseudociencia/</link>
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		<pubDate>Sun, 18 May 2008 13:40:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>artabrio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia y Pseudociencia]]></category>

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		<description><![CDATA[

Ha habido un conflicto que ha prevalecido por largo tiempo en la historia de la cultura entre la ciencia y la religión, la razón y la pasión. Los teólogos han argüido incesantemente que hay &#8220;límites&#8221; para la investigación científica y ésta no puede penetrar &#8220;el reino transcendental&#8221;; los poetas han despreciado la lógica deductiva y [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=lamejorherramienta.wordpress.com&blog=3710086&post=7&subd=lamejorherramienta&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><div id="yiv492230733">
<p class="MsoNormal"><span><strong><span></span></strong></span><span></span></p>
<p class="primera"><span><span>Ha habido un conflicto que ha prevalecido por largo tiempo en la historia de la cultura entre la ciencia y la religión, la razón y la pasión. Los teólogos han argüido incesantemente que hay &#8220;límites&#8221; para la investigación científica y ésta no puede penetrar &#8220;el reino transcendental&#8221;; los poetas han despreciado la lógica deductiva y el método experimental, los cuales sostienen quitan a las experiencias de sus cualidades sensitivas. La controversia actual entre las dos culturas de la ciencia y las humanidades es por eso familiar.</span></span></p>
<p><span><span>A pesar de la crítica clásica, la empresa científica ha tenido un significativo progreso en las pasados tres siglos, resolviendo problemas que estaban supuestamente más allá del alcance de su metodología; y la revolución científica que empezó primero en las ciencias naturales, se ha extendido a las ciencias biológicas, sociales y conductuales, con enormes beneficios para con el logro de la educación universal la visión científica eventualmente triunfará y emancipará la humanidad de la superstición. Se pensó que el progreso era correlativo con el crecimiento de la ciencia.</span></span></p>
<p><span><span>La confianza en la ciencia, sin embargo ha sido malamente estremecida en los últimos años. Aún las sociedades supuestamente avanzadas están inundadas por los cultos de la sin razón y otras formas de insensatez. A principios de este siglo fuimos testigos del surgimiento de cultos ideológicos fanáticos tales como el nazismo y el stalinismo.</span></span></p>
<p><span><span>Actualmente, las sociedades democráticas occidentales están siendo barridas por otras formas de irracionalismo, con frecuencia marcadamente anticientíficas y pseudocientíficas en carácter. Hay varias manifestaciones de este nuevo asalto a la razón.</span></span></p>
<p><span><span>Una buena ilustración de esta tendencia es el aumento de la astrología, pero sólo la punta del iceberg. Porque si uno hace encuestas sobre el estado actual de las creencias, uno encuentra que gran número de gente está lista aparentemente para creer en una amplia variedad de cosas, aunque atroces, sin pruebas suficientes. Aún un catálogo al azar de algunos de los cultos y gurúes bizarros ilustran el punto: la consciencia de Krishna, el Maharaj Ji, Aikido, el Maharishi Mahesh Yogi y formas diversas de la meditación trascendental, la Iglesia de la Unificación, el Proceso, los Gurjievianos, el Zen, Arica, los Hijos de Dios y el I-Ching. Desde el punto de vista del escéptico y el humanista científico, estos cultos no son más irracionales que los grupos religiosos ortodoxos. ¿Por qué son las prédicas del más último de los gurúes, más insensatas que una deidad muerta y resucitada, la visita del ángel Gabriel a Mahoma, José Smith y su viaje occidental, Mary Baker Eddy y la Ciencia Cristiana, la Teosofía, los Rosacruces, o la canonización de santos por supuestos milagros? Las religiones tradicionales violentan la credulidad tanto o más que las más nuevas y exóticas religiones importadas del Asia, pero los primeros han estado rondando más tiempo y son considerados parte del sistema social establecido. Lo que es aparente es la tenaz resistencia de las creencias irracionales a través de la historia hasta el presente día -y a pesar de la revolución científica-.</span></span></p>
<p><span><span>Tomemos el fenómeno de las &#8220;nuevas brujas&#8221;, como Marcello Truzzi las ha llamado, y el reavivamiento del interés en el exorcismo. Sólo unos pocos años atrás habría sido raro haber encontrado algún estudiante universitario que creyera en las brujas. Aún hoy, la creencia en una multitud de brujas y demonios, aún el diablo, ha llegado a estar de moda en algunos círculos. Esta es la era de los monstruos, en la que Frankestein, Drácula, los hombres-lobo llegaron a ser reales para mentes impresionables. La novela y la película El Exorcista estimularon la creencia en el exorcismo; y alguna gente fue incapaz de distinguir la verdad de la ficción. Por eso somos confrontados por una plétora de mitos florecientes, cultivados por una industria editorial y medios de comunicación que buscan el lucro.</span></span></p>
<p><span><span>Todo esto es sintomático del rechazo actual de la razón y la objetividad. Mientras hace una década hubo un consenso general que al menos existían algunas reglas de evidencia, hoy día la gran existencia de criterios objetivos para juzgar afirmaciones verdaderas es seriamente cuestionados. Uno escucha una y otra vez que &#8220;una creencia es tan buena como la siguiente&#8221; y que hay una clase de &#8220;verdad subjetiva&#8221; inmune a la crítica o evidencia racionales. Uno aún encuentra proponentes de formas de subjetividad entre los filósofos de la ciencia, los cuales sostienen que las condiciones históricas o los factores psicológicos son bastante responsables de las revoluciones en el pensamiento científico.</span></span></p>
<p><span><span>La reacción contra las normas rigurosas asumió otra forma en la década de 1960 en el asalto de la Nueva Izquierda y la contracultura al intelecto. El crecimiento actual de los cultos de la sinrazón es tal vez solamente una consecuencia de ese fenómeno. Dijimos entonces que necesitábamos romper la laxitud de las demandas de la lógica y la evidencia, y &#8220;expandir nuestra conciencia&#8221; por medio de drogas y otros métodos. Theodore Roszak sostuvo tal posición en sus libros muy leídos La construcción de la Contra-cultura (En inglés Making of a Counter-Culture. New York: Doubleday, 1969) y El Animal no terminado: La frontera de Acuario y la Evolución de la Conciencia (The Aquarium Frontier and the Evolution of Consciousness. New York: Harper &amp; Row, 1975).</span></span></p>
<p><span><span>La contra-cultura insistió que la objetividad era imposible tanto a causa de prejuicios de clase o profesionales o porque estabamos encerrados en las categorías de nuestra visión científica del mundo. Uno no escuchaba mucha crítica del marxismo [cuando estaba de moda] pero uno escucha que la visión científica existente está confinándose. Y así hay un intento de evadirse por medio de nuevas formas de la experiencia, de las cuales los cultos son sólo una parte: Mantras, meditación, bioenergética, yoga, jardinería orgánica, fotografía kirliana, y la percepción extrasensorial.</span></span></p>
<p><span><span>Esto existe junto a otra disposición que está evidentemente incrementándose hoy: una aversión a la cultura tecnológica misma. La ciencia y la tecnología son con frecuencia culpadas indiscriminadamente de la situación mundial actual. Oímos por todas partes acerca de los peligros de la tecnología, la destrucción de la ecología natural, la polución, la depredación de los recursos, los malos usos de la energía, la amenaza de las plantas de poder nuclear, etc. Muchos de estos intereses son legítimos, sin embargo, la postura crítica no es simplemente contra la tecnología sino contra la ciencia y investigación científica. Hay aquéllos de la derecha fundamentalista quienes todavía se oponen vehementemente, sobre bases éticas o religiosas, a la enseñanza de la teoría de la evolución, los cursos comparativos de estudios sociales, y la educación sexual. Pero además, el científico es visto con frecuencia por algunos de la izquierda como una clase de demonio -si se ocupa de la experimentación humana o la modificación de la conducta, o si participa en la investigación genética o desea probar bases genéticas del C.I. [Cociente intelectual]. Y hay quienes de manera creciente opinan y consideran a los médicos y los psiquiatras como sumos sacerdotes malvados u hombres vudú.</span></span></p>
<p><span><span>Estamos confrontados hoy día con una forma de rectitud moral y anti-intelectualismo -con frecuencia bordeando la histeria- que enjuicia la ciencia como deshumanizante, brutalizadora, destructiva de la libertad y el valor humanos. Esta actitud es paradójica, porque parece ocurrir más virulentamente en las sociedades afluentes, donde han sido logrados los más grandes avances de la investigación científica y la tecnología.</span></span></p>
<p><span><span>¿Deberíamos asumir que la revolución científica, que empieza en el siglo XVI, es continua? ¿O será oprimida por las fuerzas de la sinrazón? Sin embargo, el cuadro que estoy pintando no debe ser sobreestimado. Junto a los críticos de la ciencia están sus defensores. Y vastos recursos son invertidos en educación, investigaciones, organizaciones y publicaciones científicas. La ciencia todavía es bastante considerada por mucha gente.</span></span></p>
<p><span><span>Ciertamente, el hecho que la ciencia es esencial para nuestra civilización tecnológica está muy bien reconocido por algunos de los críticos de la ciencia -que me lleva incluso a otra dimensión del crecimiento de la irracionalidad: la proliferación de la pseudociencia-. Aquellos que no son tentados por lo oculto siempre pueden encontrar naves de los dioses, ovnis, triángulos de las Bermudas o continentes perdidos para seducirlos. Los nuevos profetas buscan tener sus teorías especulativas encubiertas por el manto de la legitimación científica; incluyen a von Däniken y aquellos asociados con la dienética, la cientología, y los recientes esfuerzos en desarrollar una &#8220;astrología científica&#8221;.</span></span></p>
<p><span><span>El crecimiento de la pseudociencia puede ser visto en muchas otras áreas. Hay, por ejemplo, un esfuerzo en explorar el así llamado reino parapsicológico. Los fenómenos psíquicos, que fueron cuidadosamente estudiados en el siglo XIX por la Sociedad para la Investigación Psíquica en Inglaterra y la parapsicología, que fue investigada por muchos años por J. B. Rhine en la Universidad de Duke, han llegado a estar de moda. Uri Geller ha sido examinado por &#8220;expertos científicos&#8221; y se le ha encontrado que posee sorprendentes &#8220;poderes psíquicos&#8221;, pero sus proezas pueden ser duplicadas fácilmente por magos tales como James Randi usando trucos de magia tradicionales. Estudiantes y profesores igualmente anuncian nuevas investigaciones de la clarividencia, precognición, la telepatía, ensueños, las experiencias incorpóreas, la reencarnación, la comunicación con espíritus de los muertos, la curación psíquica, los poltergeists, y las auras.</span></span></p>
<p><span><span>Algunos entusiastas sostienen haber descubierto &#8220;las grietas del reino de lo transcendental&#8221; y nuevas dimensiones de la realidad. El enemigo es siempre el &#8220;conductista&#8221;, el &#8220;experimentalista&#8221;, o el &#8220;mecanicista&#8221;, quienes supuestamente se cierran a tales investigaciones. Estamos, algunos sostienen, en un estadío revolucionario de la historia de la ciencia, la cual ha visto el surgimiento de nuevos paradigmas explicativos. Los críticos insisten que nuestras usuales categorías científicas y métodos son demasiados estrechos y limitantes.</span></span></p>
<p><span><span>No estoy negando la constante necesidad de examinar la evidencia y mantener una mente abierta. Ciertamente, insistiría en que los científicos quieran investigar las afirmaciones de nuevos fenómenos. La ciencia no puede ser censuradora e intolerante, ni apartarse de los nuevos descubrimientos al hacer juicios que antecedan la investigación. Formas extremas de cientismo pueden ser tan dogmáticas como el subjetivismo. Sin embargo, hay una diferencia entre el uso cuidadoso de métodos de investigación por un lado, y la tendencia a generalizaciones apresuradas basadas en la evidencia insuficiente por el otro. Lamentablemente, también hay con demasiada frecuencia una tendencia de los crédulos en confiar en los datos más insuficientes y elaborar vastas conjeturas, o insistir que sus especulaciones han sido confirmadas concluyentemente, cuando no lo han sido.</span></span></p>
<p><span><span>Cuestiones serias pueden ser levantadas acerca de la escena actual. ¿Es mayor el nivel de irracionalidad o menor el nivel de irracionalidad en tiempos anteriores, o el nivel de lo insensato ha permanecido medianamente constante en la actitud humana y sólo asumió diferentes formas? ¿Por qué persiste la irracionalidad, aún en las sociedades adelantadas?</span></span></p>
<p><span><span>Sin duda muchas hipótesis sociológicas y culturales pueden explicar el crecimiento de las creencias irracionales. En años recientes los medios de comunicación han aumentado en influencia. La imagen del científico es frecuentemente esbozada por los periodistas, novelistas y dramaturgos, no siempre por los mismos científicos y lo que la ciencia es o hace ha sido a veces mal elaborado y se le ha dado un mal nombre. O nuevamente, se estima que la mitad de todo el apoyo del mundo para la investigación científica es para el desarrollo armamentista, y la mayoría del resto es para propósitos industriales y pragmáticos. La investigación científica con frecuencia también ha sido controlada por intereses privados para su ganancia o por los gobiernos para la adoctrinación y el control. El investigador científico libre y creativo con frecuencia tiene que depender de la estructura de poder para su apoyo financiero; y lo que sucede a los frutos de su labor está más allá de su labor.</span></span></p>
<p><span><span>Estas explicaciones son válidas sin duda. Pero también hay, a mi juicio, profundos factores psicológicos en acción; y hay mucha confusión acerca del significado de la misma ciencia. La persistencia de la irracionalidad en la cultura moderna revela algo acerca de la naturaleza peculiar de la especie humana. Hay una tendencia en el animal humano hacia la credulidad -esto es, una facilidad psicológica a aceptar creencias no probadas, a ser crédulo en el asentimiento. Esta tendencia parece estar profundamente engranada en la conducta humana que pocos están sin ella en alguna medida. Estamos tentados a tragar tanto la verdad evangélica que otros nos ofrecen. No estoy hablando simplemente de estupidez e ignorancia sino de ingenuidad acrítica acerca de algunas materias.</span></span></p>
<p><span><span>Indudablemente hay individuos que se especializan en engañar a otros; proveen dioses falsos y servicios vacíos, pero sin duda hay también creyentes sinceros que se engañan así mismos que quieren creer en ideas sin la evidencia adecuada, y que buscan convertir a otros a sus concepciones equívocas. Lo que está en acción aquí no es el fraude conciente sino el autoengaño. La cosa curiosa es que, algunas veces si un psicótico se repite a sí mismo con la suficiente frecuencia, al tiempo otros llegan a creer y seguirlo. Además, si una falsedad es suficientemente exagerada, alguna gente está más apta para creerla. Además, el herético siempre se arriesga a ser quemado en la estaca, especialmente después que la nueva mitología llega a ser institucionalizada como la doctrina oficial.</span></span></p>
<p><span><span>Hay, pienso, todavía otra tendencia en la conducta humana que estimula la credulidad: la fascinación por el misterio y el drama. La vida para muchas personas es inútil y aburrida. Derrotados por la anomia y la tiranía de lo trivial, pueden buscar escapar de este mundo usando las drogas y el alcohol, embotando o suprimiendo sus conciencias. Abandonarse a la nada es su propósito.</span></span></p>
<p><span><span>Otro método de diversión es la búsqueda por placeres hedonistas y las emociones fuertes. Aun otro es el uso de la imaginación. Las artes literarias y dramáticas proporcionan libertad a la imaginación creativa, como lo hace la religión. Es difícil para algunos individuos distinguir la verdad de la falsedad, la ficción y la realidad. Los cultos de la sinrazón y lo paranormal atraen y fascinan. Capacitan a cualquiera a bordear los límites de lo desconocido. Para las personas ordinarias, hay el mundo cotidiano -y la posibilidad de escapar a otro. Y así buscan otro lugar -otro universo y otra realidad-.</span></span></p>
<p><span><span>Por eso hay una búsqueda que es fundamental a nuestro ser: la conquista por el significado. La mente humana tiene un genuino deseo de sondear las profundidades de lo inefable, de encontrar un significado más profundo y la verdad, de alcanzar otro reino de existencia. La vida no tiene sentido para muchos, especialmente para los pobres, los enfermos, los desamparados, y aquellos que han fracasado o tienen poca esperanza. La imaginación ofrece salvación a las aflicciones y las tribulaciones que se encuentran en esta vida. Por eso, creer en la reencarnación o la supervivencia personal, aún si no es probada ofrece solaz a los individuos que encaran la tragedia, la muerte y la existencia del mal. Por razones ideológicas, el medio de la salvación es la visión utópica de la sociedad perfecta en el futuro. El alma se lamenta por algo mucho más allá, más profundo, más duradero y más perfecto que nuestro mundo pasajero de la experiencia.</span></span></p>
<p><span><span>De acuerdo con esto, la persistencia de la fe puede ser explicada en parte por características dentro de nuestra naturaleza: la credulidad, la seducción por el misterio, la búsqueda del sentido. La gente tomará la menor pizca de evidencia y construirá un sistema mitológico. Pervertirán su lógica y abandonaran sus sentidos, todo por la Tierra Prometida. Algunos gustosamente cambiarán su libertad con los sistemas más autoritarios, para lograr comodidad y seguridad. Los cultos de la sinrazón prometen solaz; buscan investir al individuo solitario, quien con frecuencia se siente extraño y sólo, de un papel importante en el universo.</span></span></p>
<p><span><span>¿Qué puede decir la ciencia acerca de aquellas necesidades humanas? ¿Hemos abandonado tal vez los dominios de la ciencia completamente y mudado al de la filosofía? La ciencia debería tener algo que decir, porque lo que esta en juego es la naturaleza de la ciencia misma.</span></span></p>
<p><span><span>Hay muchos significados para la palabra &#8220;ciencia&#8221;. Algunos que hablan acerca de la ciencia se refieren a las especialidades en un campo específico, tales como la endocrinología, la microbiología o la econometría. Otros que hablan acerca de la ciencia tienen en mente las aplicaciones tecnológicas y experimentales de las teorías científicas a problemas concretos. Sin embargo, estas opiniones de la ciencia son excesivamente estrechas; porque es posible para una sociedad lograr progreso masivo en ciertos campos tecnológicos estrechos, sin embargo, perder el punto total de la empresa científica. Las sociedades totalitarias en nuestro tiempo invirtieron bastas sumas de dinero en investigación técnica y lograron un alto nivel de competencia científica en ciertos campos, pero la visión científica no prevaleció en ellos. No es suficiente el nuevo entrenamiento de la gente para que sean especialistas científicos. Una cultura puede estar llena de técnicos científicos, sin embargo, seguir siendo dominada por lo irracional. Debemos distinguir la ciencia como una empresa técnica estrecha de la actitud científica. Pienso que aquí no hemos establecido un propósito importante. Desafortunadamente, tener credenciales científicas en un campo no significa que una persona incorporará una actitud científica a unas partes de su vida.</span></span></p>
<p><span><span>La mejor terapia para la credulidad y la imaginación desenfrenada es el desarrollo de la actitud científica, como se aplica no solamente al campo especializado de uno de la experiencia sino también a cuestiones más amplias de la vida misma. Pero hemos fracasado en nuestra sociedad en desarrollar y expandir la actitud científica. Es evidente que uno puede ser un especialista científico pero un bárbaro cultural, un experto tecnólogo en un campo particular pero ignorante fuera de él.</span></span></p>
<p><span><span>Si vamos a responder el crecimiento de la irracionalidad, necesitamos desarrollar un aprecio por la actitud científica como parte de la cultura. Debemos aclarar que el principal principio metodológico de la ciencia es el que no se justifica al sostener una afirmación verdadera a menos que uno pueda apoyarla por medio de la evidencia o la razón. No es suficiente estar convencido interiormente de la verdad de las creencias de uno. Deben, en algún punto, ser verificables objetivamente por investigadores imparciales. Una creencia que está garantizada no lo está porque sea &#8220;verdadera subjetivamente&#8221;, como pensaba Kierkegaard; si es verdadera lo es porque ha sido confirmada por una comunidad de investigadores. Creer válidamente que algo es verdadero es relacionar las creencias de uno a la justificación racional; es hacer una afirmación acerca del mundo, independientemente de los deseos de uno.</span></span></p>
<p><span><span>Aunque, los criterios específicos para probar una creencia dependen del sujeto en consideración, hay ciertos criterios generales. Necesitamos examinar la evidencia. Aquí me estoy refiriendo a la observación de datos que son reproducibles por observadores independientes y que pueden ser examinados experimentalmente en casos de prueba. Esto es llamado familiarmente el criterio empirista o experimentalista. Una creencia es verdadera si, y sólo sí, ha sido confirmada, directa o indirectamente, por referencia evidencia observable. Una creencia también es validada al ofrecerse razones que la apoyen. Aquí hay consideraciones lógicas que son relevantes.</span></span></p>
<p><span><span>Una creencia es invalidada si contradice otras creencias muy bien fundamentadas dentro de una estructura. Además evaluamos nuestras creencias en parte por sus consecuencias observadas en la práctica por su efecto en la conducta. Este es el criterio utilitario o pragmático: la utilidad de una creencia es juzgada por referencia a su función y su valor. Sin embargo, uno no puede sostener que una creencia es verdadera simplemente porque tiene utilidad; la evidencia independiente y las consideraciones racionales son esenciales. No obstante, la referencia a los resultados de una creencia, particularmente a las de una creencia normativa, es importante.</span></span></p>
<p><span><span>Esos criterios generales son, por supuesto, familiares en la lógica y la filosofía de la ciencia. Estoy hablando del método hipotético-deductivo de probar las hipótesis. Pero este método no deberá ser construido estrechamente, porque el método científico emplea el sentido común; no es ningún arte esotérico disponible sólo a los iniciados. La ciencia emplea los mismos métodos de inteligencia crítica que el hombre ordinario usa al formular creencias acerca de su mundo físico; y es el método que tiene que usar, en alguna medida, si va a vivir y funcionar, hacer planes y elecciones. Desviarse del pensamiento objetivo es estar fuera de contacto con la realidad cognitiva; y no podemos evitar usarlo si vamos a manejar los problemas concretos que encontramos en el mundo.</span></span></p>
<p><span><span>La paradoja es que mucha gente quiere abandonar su inteligencia práctica cuando ingresan a los campos de la religión o la ética o arrojan la cautela al viento cuando flirtean con los así llamados asuntos trascendentales.</span></span></p>
<p><span><span>En cualquier caso hay una necesidad de desarrollar una actitud científica general para todas o la mayor parte de las áreas de la vida, usar, tanto como sea posible, nuestra inteligencia crítica para evaluar las creencias, e insistir que estén basadas en fundamentos evidentes. El colorario principal de esto es el criterio que donde no tengamos la suficiente evidencia, deberíamos suspender el juicio. Nuestras creencias deberán ser consideradas hipótesis tentativas basadas en grados de probabilidad. No deberán ser consideradas absolutos o finales. Deberemos estar comprometidos con el principio de falibilismo, que considera que nuestras creencias pueden ser érroneas. Deberemos estar deseando revisarlas, si necesitan serlo a la luz de nueva evidencia y nuevas teorías.</span></span></p>
<p><span><span>La actitud científica por eso no prejuzga sobre fundamentos a priori el examen de las afirmaciones acerca de lo trascendental. Está comprometida con la investigación libre y abierta. No puede rehusar comprometerse en la investigación, por ejemplo de los fenómenos paranormales. Pero no sostiene el derecho a preguntar que tal investigación pueda ser responsable y cuidadosamente conducida, que la evidencia no sea deshecha por la conjetura, ni las conclusiones basadas en la voluntad de creer.</span></span></p>
<p><span><span>La pregunta básica es: ¿Cómo podemos cultivar la actitud científica? La institución más vital de la sociedad para desarrollar una apreciación por la actitud científica es la escuela. No es suficiente, sin embargo, para las instituciones educativas informar simplemente a la gente joven de los hechos o diseminar un cuerpo de conocimiento. La educación de tal clase puede ser nada más que aprendizaje rutinario o adoctrinación. Más bien, un propósito principal de la educación deberá ser desarrollar dentro de los individuos el uso de la inteligencia crítica y el escepticismo. No es suficiente hacer que los estudiantes memoricen una materia, amasen hechos, pasen exámenes o aún dominen una especialidad o profesión o sean entrenados como ciudadanos. Si hacemos eso y nada más, no hemos educado completamente; la teoría central es cultivar la habilidad de verificar experiencias, evaluar las hipótesis, evaluar los argumentos -en resumen- desarrollar una actitud de objetividad e imparcialidad. La tremenda explosión informativa de hoy nos ha bombardeado compiten con afirmaciones verdaderas. Es vital que los individuos desarrollen algún entendimiento de los criterios efectivos para juzgar estas afirmaciones. No me refiero solamente a nuestra habilidad de examinar afirmaciones de conocimiento acerca del mundo sino también de nuestra habilidad para desarrollar algunas características al apreciar juicios de valor y principios éticos. La meta de la educación deberá ser desarrollar personas reflexivas -escépticas aunque receptivas a nuevas ideas, siempre deseando examinar nuevas desviaciones del pensamiento, aunque insistiendo que sean probadas antes de ser aceptadas.</span></span></p>
<p><span><span>La educación no se realiza cuando transmitimos una materia o disciplina finita a los estudiantes: sólo cuando estimulamos un proceso activo de búsqueda. Esta meta es apreciada actualmente en algunas instituciones educativas que intentan cultivar la inteligencia reflexiva. Pero la educación no está completa a menos que podamos extender nuestro interés a otras instituciones educativas de la sociedad. Si vamos a cultivar el nivel de la inteligencia crítica y promover la actitud científica, es importante que nos interesemos con los medios de comunicación masiva. Un problema especialmente serio con los medios electrónicos es que emplean las imágenes visuales más que los símbolos escritos, diseminan impresiones inmediatas en vez de análisis sustentados. ¿Cómo podemos estimular la crítica reflexiva en el público dando este tipo de información?</span></span></p>
<p><span><span>No tengo una solución fácil que ofrecer. Lo que deseo sugerir es que no debemos asumir, simplemente porque la nuestra es una sociedad científico-tecnológica avanzada, que el pensamiento irracional será derrotado. La evidencia sugiere que eso está lejos de ser el caso. Ciertamente, siempre está el peligro que la ciencia misma pueda ser absorbida por las fuerzas de la sinrazón.</span></span></p>
<p><span><span>Si vamos a manejar el problema, lo que necesitamos, por lo menos, es ser claros acerca de la naturaleza de la empresa científica misma y reconocer que presupone una actitud básica acerca de los criterios evidentes. A menos que podamos impartir a través de las instituciones educativas de la sociedad algún sentido del acercamiento escéptico a la vida -como terapéutico y correctivo- entonces me temo que estaremos constantemente confrontados por nuevas formas de &#8220;saber-nadismo&#8221;.</span></span></p>
<p><span><span>Si vamos a progresar al vencer la irracionalidad, sin embargo, debemos ir más lejos todavía. Tal vez debemos tratar de satisfacer la necesidad por el misterio y el drama y el anhelo por el significado. El desarrollo de la educación y la ciencia en el mundo moderno es una maravilla que sostener, y deberíamos hacer cualquier cosa para fomentar su desarrollo. Pero hemos aprendido que un incremento en la suma del conocimiento por sí mismo no necesariamente derriba la superstición, el dogma, y la culpabilidad, porque estos son nutridos por otras fuentes en la psique humana.</span></span></p>
<p><span><span>Un punto con frecuencia descuidado en satisfacer nuestra fascinación con el misterio y el drama es el posible papel de la imaginación en las ciencias. La ciencia puede solamente proceder por ser abierta a las exploraciones creativas del pensamiento. Los completos rompimientos en la ciencia son pasmosos, y continuarán tanto como escudriñemos más allá del micromundo de la materia y la vida y en el universo en general. La era espacial es el principio de una nueva era para la humanidad, tanto como dejemos nuestro sistema solar y exploremos el universo para buscar vida extraterrestre. Necesitamos diseminar una apreciación por la aventura de la empresa científica. Desafortunadamente, para algunos, la ciencia-ficción es el sustituto de la ciencia. La religión del futuro puede ser una una religión de la era espacial en la que los nuevos profetas no son los científicos sino los escritores de ciencia-ficción.</span></span></p>
<p><span><span>La ciencia tiene por eso un foco doble: la objetividad y la creatividad. Las artes son esenciales en mantener vivas las cualidades dramáticas de la experiencia; poesía, música, y la literatura expresan nuestra naturaleza apasionada. El hombre no vive por la razón solamente; y la ciencia es con frecuencia vista por sus críticos como fría y racional. La gente anhela algo más. Nuestros impulsos estéticos y nuestro deleite por la belleza necesitan ser cultivados. Las artes son la expresión más profunda de nuestros intereses espirituales, pero necesitamos hacer una distinción entre el arte y la verdad.</span></span></p>
<p><span><span>En cualquier caso, necesitamos satisfacer la búsqueda por el sentido. Es este anhelo por el significado etéreo que, pienso, lleva a la desorientación psicótica encontrada en los cultos de la sinrazón. &#8220;Sígueme&#8221;, dicen los cultos de la irracionalidad. &#8220;Yo soy la luz, la verdad, y el camino&#8221;. Y la gente está deseando abandonar todos los patrones de juicio crítico en el proceso.</span></span></p>
<p><span><span>Deseo aclarar que hay la necesidad actualmente para desarrollar instituciones normativas alternativas. Sugeriría que tal programa no construiría sistemas con creencias que sean patentemente falsos o irracionales o que violen la evidencia de las ciencias; sin embargo, buscará dirigirse a otras dimensiones de la experiencia humana, y dará a las artes, la filosofía y la ética papeles poderosos para ayudar a satisfacer las necesidades humanas.</span></span></p>
</div>
<div>
<p><span>Nota:</span></p>
<table id="id3" class="MsoNormalTable" border="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td style="padding:0.75pt;">
<p class="MsoNormal"><a rel="nofollow" href="http://www.sindioses.org/escepticismo/actitud.html#id2" target="_blank"><span>[1]</span></a></p>
</td>
<td style="padding:0.75pt;">
<p class="MsoNormal"><span><span>Paul Kurtz es profesor emérito de filosofía de la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo; es el fundador del Concilio para el Humanismo secular y es editor en jefé de la revista escéptica Free Inquiry. Kurtz ha escrito varios libros, entre ellos “Defendiendo la Razón” Ensayos de humanismo secular y escepticismo, Living without religion &#8211; Eupraxophy, The new skepticism, Skeptical odysseys, El fruto phohibido &#8211; la ética del humanismo.</span></span></p>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><span><span>Tomado de Kurtz, Paul: <em>Defendiendo la Razón: Ensayos de Humanismo Secular y Escepticismo</em>. Lima: AERPFA, 2002. Traducción por M.A. Paz y Miño del artículo del mismo autor “The Scientific Attitude versus Antiscience and Pseudoscience” escrito basado en el discurso pronunciado en el congreso de fundación del Comité para la investigación científica de las afirmaciones de lo paranormal [CSICOP], publicado en inglés en The Humanist, julio-agosto de 1976, aparecido luego en Kurtz, Paul: In Defense of Secular Humanism. </span>Buffalo: Prometheus Books, 1983.</span></p>
<p>*<span><span>Se permite la reproducción de este ensayo para fines educacionales y/o científicos siempre y cuando se mencione claramente nuestro sitio web, así como el nombre del autor del mismo. </span>Se prohibe su reproducción con fines comerciales.</span></p>
</div>
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		<item>
		<title>Cuatro tópicos pseudocientíficos sobre la ciencia</title>
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		<pubDate>Thu, 15 May 2008 20:20:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>artabrio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia y Pseudociencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Una característica de la pseudociencia es su ambigüedad con respecto a la verdadera ciencia: por un lado, la imita tomando prestado su prestigio, por otro, la ataca recurriendo siempre a los mismos tópicos cuando ésta señala sus disparates. La ciencia resulta infalible o mentirosa según la conveniencia de los pseudocientíficos. En mis conversaciones y lecturas [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=lamejorherramienta.wordpress.com&blog=3710086&post=6&subd=lamejorherramienta&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><span>Una característica de la pseudociencia es su ambigüedad con respecto a la verdadera ciencia: por un lado, la imita tomando prestado su prestigio, por otro, la ataca recurriendo siempre a los mismos tópicos cuando ésta señala sus disparates. La ciencia resulta infalible o mentirosa según la conveniencia de los pseudocientíficos. En mis conversaciones y lecturas me he encontrado cientos de veces con estos argumentos falaces en contra de la ciencia. Como un ejercicio de gimnasia mental y creyendo que el resultado sería interesante, me he dedicado a reunirlos y refutarlos. Probablemente, reconocerás más de uno. </span></p>
<p><em><strong><span>ARGUMENTO 1º: Antiguas teorías científicas que eran aceptadas resultaron estar equivocadas y fueron negadas por los nuevos descubrimientos: se creía que la Tierra era plana y resultó ser redonda; se creía que la Tierra era el centro de nuestro sistema planetario y resultó serlo el Sol; la física de Newton fue superada por Einstein. Asimismo, teorías que al surgir fueron rechazadas, igual que ahora lo es la llamada pseudociencia, acabaron reconociéndose: Galileo, Servet, Darwin, Mendeleiev… Todo esto implica que el actual conocimiento científico puede ser totalmente erróneo y necesitar un cambio de paradigma. </span></strong></em></p>
<p><span>RESPUESTA: En primer lugar, cuando he oído o leído tales argumentos, a veces, los ejemplos no eran válidos por haberse extraído de una época en la que no podemos hablar de ciencia moderna. La ciencia basada en un estudio matemático y empírico de la naturaleza empieza a nacer realmente sobre el siglo XVII con la innovación de Galileo de introducir los experimentos planificados en el método inductivo deductivo. No estaremos siendo exactos ni justos si para atacar a la ciencia moderna o experimental empleamos un argumento como el de la Tierra plana, ya que no pertenece realmente a su historia sino a la más general de la ciencia humana, que abarca los intentos de muchas culturas -incluso las prehistóricas- por conseguir un sistema de conocimiento. </span></p>
<p><span> Pero centrémonos ya sólo en la ciencia moderna: afirmar que las nuevas teorías invalidan a las antiguas puede ser también impreciso. Es evidente que la ciencia avanza y que el saber humano se amplía constantemente; pero cuando surge una revolución en la ciencia no es que se haga exactamente borrón y cuenta nueva; el proceso es más bien una integración de lo viejo en lo nuevo, una absorción o un perfeccionamiento: las viejas teorías pueden ser integradas en las nuevas como casos límite (situaciones especiales en las que la obsoleta ley mantiene su utilidad) o tener partes que no quedan totalmente desfasadas. Cuando el modelo planetario geocéntrico fue sustituido por el heliocentrismo, el sistema de órbitas alrededor de un cuerpo central, que había sido un gran avance en la comprensión del funcionamiento celeste, permaneció vigente en la nueva explicación. Del mismo modo, no podemos afirmar que la revolución de Einstein en la física haya invalidado a Newton: la teoría de la relatividad nos descubre un nuevo comportamiento del universo a velocidades cercanas a la de la luz, así como los efectos en el espacio-tiempo de los campos gravitatorios intensos; pero en realidad sus implicaciones son despreciables en nuestra experiencia cercana, por lo que seguimos usando la física de Newton, a pesar de su antigüedad, en la vida cotidiana. </span></p>
<p><span> Esta evolución continua de la ciencia es totalmente normal y recomendable, y no supone un defecto, sino el progreso, como podemos comprobar si recordamos las unificaciones que se dieron en la historia de la física: Newton, con su teoría de la gravitación universal, identificó como una misma fuerza la que atraía los objetos hacia la Tierra y la que gobernaba los astros del firmamento; también se creía que electricidad y magnetismo eran dos fenómenos sin relación, pero se descubrió que eran dos caras de la misma moneda: el electromagnetismo. Muchos científicos piensan que la física tiende a la unificación: la explicación, mediante una gran Teoría del Todo, de las cuatro fuerzas fundamentales que requieren ahora teorías independientes: la gravitación, el electromagnetismo y las interacciones nucleares débil y fuerte. La mejor candidata a Teoría del Todo por ahora (si no se ha quedado ya obsoleta) es la teoría de supercuerdas. </span></p>
<p><span> En cuanto al pretencioso argumento de los pseudocientíficos de equiparar sus divagaciones a teorías geniales que no fueron aceptadas inicialmente, como las de Darwin o Mendeleiev (a los pobres y mal traídos Galileo y Servet los dejaremos fuera, ya que los ataques conservadores los recibieron de la Iglesia y no de los científicos), no olvidemos que estas ideas se referían, aunque de forma revolucionaria, a realidades palpables: el movimiento planetario, la circulación sanguínea, la evolución de las especies, el comportamiento químico de los elementos… y no, como la pseudociencia, a sucesos “escurridizos” imposibles de comprobar: el espíritu, los poderes mentales, las energías vitales o las visitas extraterrestres. Además, no sólo estos científicos innovadores vieron reconocidas sus teorías en poco tiempo (normalmente en vida) frente al más de un siglo que llevan dejándose oír casi todas las leyendas pseudocientíficas, sino que la mayoría de las hipótesis que sufren un rechazo unánime de los estudiosos se quedan en el camino como intentos fallidos, creencias injustificadas o incluso fraudes, lo que es probablemente el futuro de la pseudociencia. </span></p>
<p><span> La ciencia intenta explicar la realidad y ésta es siempre la que tiene la última palabra, es un conocimiento cada vez más detallado y profundo de la realidad lo que desemboca en un adelanto o en un cambio de paradigma. No podemos decir que nuestro saber actual sea erróneo porque tengamos la certeza de que algún día será mayor; es una equivocación justificarse así para reclamar cambios en las teorías sin sustentarlos con evidencias o creer en sucesos maravillosos que la realidad desmiente, confiando en que la ciencia pueda hallarlos en un futuro. </span></p>
<p><em><strong><span>ARGUMENTO 2º: La ciencia no es más que otro tipo de creencia. Todas las personas necesitan sentirse seguras tras una explicación para la vida y el universo. Los que escogen creer en la explicación científica están escogiendo en realidad otra forma más de religión: la fe ciega en la ciencia y sus dogmas llamados leyes. </span></strong></em></p>
<p><span>RESPUESTA: Efectivamente, todas las personas nos preguntamos, con mayor o menor interés y preocupación por el tema, sobre el origen de la vida y del cosmos. Es un anhelo del ser humano el responderse a esos interrogantes, y seguramente sea esa curiosidad la que condujo tanto al nacimiento de la religión como al de la ciencia; sin embargo, el hecho de que ciencia y religión puedan tener en común el que las personas recurran a ambas para explicarse la existencia no excluye que tengan también diferencias que las hacen irreconciliables en muchos aspectos. La religión y la ciencia no pueden igualarse como formas de conocimiento. </span></p>
<p><span> Una religión es una creencia, una actitud subjetiva que consiste en seguir un determinado enunciado o enunciados, por ejemplo: “Dios existe”. No hay indicios que lleven a tal conclusión y creer en el enunciado es independiente de que el mismo sea verdadero. Un creyente puede buscar miles de razones lógicas que justifiquen y defiendan su creencia; pero nunca podrá demostrarla. La ciencia, sin embargo, contiene enunciados que pueden demostrarse. “El agua hierve a 100 grados centígrados” es un enunciado verdadero, es decir, podemos comprobarlo fácilmente con un termómetro y un puchero. Un enunciado científico, puesto que puede demostrarse, no es una creencia, es saber. Ésta es la diferencia entre creer y saber. </span></p>
<p><span> La fe religiosa consiste en creer también en la verdad de ciertos enunciados, los dogmas religiosos, sin pruebas suficientes de que sean ciertos. La fe se tiene por veneración o sumisión a alguien que se considera autoridad, o por sentimiento, por intuición… por razones que son subjetivas y no son válidas para el conocimiento verdadero. Se puede decir que aceptar como ciertas las materias científicas es también una cuestión de fe; pero entonces incurrimos en una falacia ya que estaremos usando otro significado de la palabra “fe”, cuando significa “confianza” y no “conjunto de creencias de una religión”. No podemos considerar que la confianza en la verdad de las enseñanzas científicas sea igual a la fe religiosa. Es evidente que el estudiante científico o el aficionado no van a comprobar uno a uno todos los experimentos de la historia de la ciencia a medida que van aprendiendo (¡Nunca acabarían de estudiar!), sólo reproducirán algunos por su interés y accesibilidad y tendrán que confiar en la verdad de los que no pueden comprobar personalmente; pero la ciencia sí se comprueba a sí misma continuamente: con todos los experimentos pasados que se repiten en investigaciones actuales para ser validados antes de emprender los nuevos; con los que se reproducen para fines académicos y didácticos en todo el mundo en universidades, colegios y museos; con los experimentos avanzados que superan a otros anteriores y que implican con su éxito la corrección de los pasados; con las aplicaciones diarias de hallazgos científicos en nuestra tecnología que son testimonio de su validez, podemos incluso afirmar que sí se comprueban en el presente todos los experimentos de la historia de la ciencia. Su mismo funcionamiento la corrobora. </span></p>
<p><span> ¿Cuál es entonces la diferencia con una fe religiosa? Las leyes de la ciencia están sustentadas en demostraciones que en su día fueron examinadas por toda la comunidad científica y que podemos repetir para verificarlas, aunque no nos molestemos en hacerlo por confianza en los científicos y su método; los dogmas religiosos, en cambio, como doctrinas atribuidas a un dios y reveladas a los hombres, no son comprobables aunque lo intentemos. La cualidad de comprobable se denomina falsabilidad y es una característica que identifica a las leyes, teorías e hipótesis científicas: un enunciado es falsable si puede ser refutado por la experiencia, es decir, por la realidad. Los enunciados no falsables no son científicos. “El agua hierve a 100 grados centígrados” es un enunciado falsable (sólo hay que acudir a la inapelable realidad del puchero), “Dios existe” es un enunciado no falsable. La ciencia se puede probar, la religión y las creencias no. </span></p>
<p><em><strong><span>ARGUMENTO 3º: La ciencia niega lo que no puede explicar. No se ha demostrado que no existan los fenómenos paranormales y misteriosos; pero, aún así, los dogmáticos y conservadores científicos los rechazan debido a que podrían desestabilizar su cómodo mundo basado en leyes científicas. </span></strong></em></p>
<p><span>RESPUESTA: Muchas veces se exige a los científicos que demuestren la falsedad de la pseudociencia o los fenómenos paranormales, se hace recaer sobre la ciencia la responsabilidad de desmentir los poderes psíquicos del ser humano, la efectividad de la astrología y otras mancias, las manifestaciones fantasmales, las visitas a la Tierra de extraterrestres, la existencia de animales fantásticos, etc. Sin embargo, esto es una interpretación equivocada de la forma en que trabajan los científicos, su tarea no consiste en negar algo, sino en estudiar fenómenos existentes y que se puedan analizar. </span></p>
<p><span> La situación que se nos presenta con los supuestos fenómenos paranormales y demás es que nunca ha aparecido una verdadera prueba de su existencia: nadie ha conseguido demostrar que tiene poderes psíquicos; astrología, videntes y mediums fracasan continuamente al intentar adivinar el futuro; no tenemos evidencias de la presencia de fantasmas; nunca se ha encontrado un material extraterrestre ni un animal fantástico o parte de él… Los que defienden la veracidad de estos y otros presuntos misterios no aportan ninguna demostración creíble de los mismos; acerca de este tipo de asuntos sólo tenemos en realidad testimonios personales, historias y silogismos que no tienen más validez científica como pruebas que los cuentos infantiles. </span></p>
<p><span> Nos encontramos frente a una falacia que pretende dar la vuelta al problema y pasárselo a la ciencia. No es la tarea pendiente demostrar que tales fenómenos no existen, sino todo lo contrario: hay que demostrar que existen. Y a pesar de toda la palabrería pseudocientífica sobre el tema, nadie ha aportado ni una prueba sólida. Siempre que hubo suficientes datos analizables y se pudo estudiar científicamente alguno de estos aparentes enigmas, acabó apareciendo una explicación normal, un error o, lo que es peor, un fraude. De hecho, demostrar que algo no existe es una imposibilidad lógica: no hay manera (por poner un ejemplo que señala la irracionalidad de este argumento) de negar que Papá Noel existe; aunque conozcamos miles de casos en los que han cogido in fraganti a los padres, siempre quedará un pequeño porcentaje sin datos suficientes para explicarlo. ¿Resulta inteligente atribuirlo a Papá Noel? Lo más parecido que se puede hacer a negar los supuestos paranormales es mostrar que pueden tener una explicación prosaica, reproduciéndolos con trucos que den igual resultado o comparándolos con hechos conocidos, y señalar además que no encajan con teorías que sí se han comprobado experimentalmente; hacer hincapié en que creer en sucesos tan extraordinarios es menos razonable que relegarlos al folclore moderno y la leyenda. </span></p>
<p><span> Si los científicos suelen ignorar estos temas no es por dogmatismo o conservadurismo, es porque han perdido el interés por ellos. Si apareciese alguien con pruebas irrefutables sin duda recibiría la atención debida; la historia de la ciencia nos muestra cómo esto sucede continuamente: en la primera mitad del siglo XX, Alfred Wegener presentó al mundo su teoría de la deriva continental, que postulaba unos continentes móviles que habían estado unidos en un pasado lejano formando uno sólo que llamó Pangea. Intentaba explicar el que las costas europeas y africanas del oeste encajasen con tanta exactitud con las americanas del este, así como que esas zonas, mediando un océano y miles de kilómetros entre ellas, tuviesen rocas con idénticos rasgos geológicos o fósiles de las mismas especies animales y vegetales. Los geólogos, instalados en la idea de una Tierra estática, no aceptaron la proposición. Sin embargo, en los años 60 de ese siglo, se sumaron a las observaciones de Wegener mediciones paleomagnéticas y análisis del suelo marino que apuntaban claramente a un desplazamiento continental. Ante el cúmulo de evidencias, la comunidad científica aceptó que se hallaba ante un cambio de paradigma en la forma de estudiar y entender el planeta Tierra. Nacía la tectónica de placas, que explica, entre otras muchas cosas, la deriva continental que supo ver Wegener. Los científicos son reacios a abandonar una teoría que funciona, pero cambian gustosamente su forma de pensar si los datos lo exigen. </span></p>
<p><span> ¿La ciencia niega lo que no puede explicar? Si lo inexplicable es medible, es objeto de estudio. Por supuesto que todavía existen cosas que la ciencia no abarca, fenómenos naturales de los que no se tiene una comprensión completa; pero afirmar que la ciencia los rechaza es revelar una gran ignorancia de su funcionamiento o muy mala intención. Tomemos un ejemplo: uno de los misterios actuales de la ciencia es lo que se ha llamado “materia oscura” en las galaxias; varias consideraciones teóricas sugieren su existencia y, excepto por los efectos gravitatorios que provoca en sus alrededores (otros cuerpos celestes se han encontrado de esta manera indirecta), su presencia es indetectable: se comporta como la materia, pero no consigue medirse de forma directa, parece no estar. Los científicos no encuentran una manera satisfactoria de explicar estas observaciones; pero desde luego no las niegan. Precisamente es en los campos sin resolver donde se centran con más entusiasmo los investigadores. </span></p>
<p><span> Como establece el principio epistemológico de economía del pensamiento (más conocido como “Navaja de Occam”), para explicar un fenómeno, la hipótesis más sencilla es siempre la mejor y no debemos acudir sin necesidad a soluciones especulativas. Es preferible vivir aceptando nuestras lagunas de conocimiento que rellenarlas inventando, en ausencia de pruebas, explicaciones milagrosas, pseudocientíficas o paranormales. </span></p>
<p><em><strong><span>ARGUMENTO 4º: Los científicos forman un grupo de poder paralelo al político y económico o a su servicio al depender de financiación. Esto ha corrompido sus antiguos nobles principios, degenerando en una ciencia oficial que ya no busca la verdad sino que defiende intereses gubernamentales frenando lo que no les conviene. </span></strong></em></p>
<p><span>RESPUESTA: Diferenciemos antes de nada ciencia de tecnología: llamamos ciencia al conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que deducimos principios y leyes generales; por tecnología entendemos a las teorías y técnicas que permiten la aplicación práctica de la ciencia. Es la investigación tecnológica -en la que, aunque es más propia de ingenieros, también intervienen científicos- la más condicionada por factores externos a ella: exigencia de resultados a corto plazo, posibilidad de aplicaciones bélicas, rentabilidad económica… La investigación científica, en cambio, no sólo es independiente y libre en universidades, institutos y fundaciones, sino que, aunque pueda estar influenciada en ocasiones (precisamente por eso) dispone de un método que la regula: el método científico evita faltar a la verdad, el objetivo final de la ciencia. </span></p>
<p><span> Pero, ¿en qué consiste el método científico? Imaginemos primero que hemos observado algo y nos preguntamos por qué sucede de esa forma (<em>por ejemplo, reparamos en que algunas aves de corral se espantan y ocultan en el follaje ante la visión, por primera vez en su vida, de la silueta en el cielo de un ave rapaz</em>). Lo siguiente que hacemos es descartar los factores no relacionados con el problema (<em>no nos interesamos por la edad, el sexo o el largo de la cresta de las gallinas ya que vemos que esto no influye en ese comportamiento</em>). Entonces reunimos para su análisis todos los datos que seamos capaces de obtener, lo que podemos hacer por observación directa de la naturaleza o provocando artificialmente situaciones específicas que aporten información sobre el caso: los experimentos (<em>podemos criar pollitos para controlar su aprendizaje y construir una réplica mecánica de la forma de una rapaz para simular la situación y así no tener que esperar hasta que se produzca un ataque real fortuito</em>). Tras haber reunido los datos, pasamos a intentar explicarlos, de la manera más sencilla posible, con un enunciado o matemáticamente: una hipótesis (<em>“las gallináceas domésticas poseen conductas que no necesitan aprender”</em>). Esa hipótesis tendrá unas consecuencias lógicas que implicarán sucesos y experimentos que no nos habíamos planteado antes (<em>“todos los animales, incluido el hombre, poseen conductas innatas hereditarias”</em>); debemos entonces realizar nuevas observaciones para ver si las predicciones de la hipótesis se cumplen o intentar desmentir nuestras conclusiones para comprobarlas (<em>podemos objetar que se puede deber a un aprendizaje, y observar bebés sordo-ciegos para averiguar si poseen comportamientos que sea imposible que les hayan enseñado</em>). Finalmente, si las predicciones se han cumplido y las refutaciones han fallado, la hipótesis sale reforzada, y puede convertirse incluso en una teoría o una ley (<em>“Parte del comportamiento animal y humano está determinado genéticamente y es modificado por la selección natural”</em>). </span></p>
<p><span> Cada uno de los pasos que acabamos de dar en el párrafo anterior sería un punto ideal del método científico. En realidad no es más que el sentido común transformado en unas reglas de investigación, una forma de evitar cometer manipulaciones y errores o que las ideas preconcebidas nos hagan caer en el autoengaño. </span></p>
<p><span> Las pseudociencias son llamadas así debido a que, aunque tienen una apariencia científica en la presentación, no cumplen las normas anteriores, por lo que no pueden ser consideradas ciencia. Un caso actual de este problema es la continua reclamación del mismo estatus que disfruta la medicina oficial o científica para las pseudomedicinas, incluso se exige que compartan financiación estatal. Cuando se analizan científicamente falsas terapias como la homeopatía, la acupuntura, la reflexología, aromaterapia, etc. no demuestran dar más resultado que el efecto placebo (que consiste, como todos sabemos, en la ilusión de mejoría del paciente que no es tratado en realidad, aunque se le haga creer que sí) por lo que no es posible, o no debería serlo, igualarlas a la medicina científica. En realidad, ni siquiera existe un trato discriminatorio hacia las terapias “alternativas” o “complementarias” ya que, cuando la medicina científica presenta un nuevo tratamiento o fármaco, se la somete a controles muy rigurosos, los mismos que se le exigen a las pseudomedicinas y que, simplemente, no pasan. El trato es igualitario, pero los resultados no son iguales. </span></p>
<p><span> No existen conspiraciones del mundillo científico y los servicios secretos para que el “misterio” permanezca oculto, ni oscuras manipulaciones de los estados y la industria farmacéutica para impedir el desarrollo de las medicinas “alternativas”. Lo que ocurre es que estas disciplinas no cumplen las rigurosas normas que sí cumple la ciencia. Estos ingenuos -muchas veces ridículos- argumentos sobre conspiraciones suelen ser lanzados sin pruebas por los defensores de la pseudociencia como distracción o pobre excusa ante su incapacidad para demostrar sus teorías. </span></p>
<p style="text-align:center;" align="center"><span>*</span></p>
<p><span>La considerable difusión de estos cuatro tópicos, tan negativos, señala hacia una realidad frustrante: la resistente desconfianza por parte importante de la población hacia la ciencia. Este recelo de la investigación científica es algo habitual en la cultura popular y tradicional: sus logros se ven demasiado a menudo como dañinas creaciones antinaturales, la libertad de investigación es restringida por prejuicios que la califican de inhumana e incluso es frecuente que no se vean con buenos ojos las ya poco generosas dotaciones presupuestarias dedicadas a estos fines. Dejo de lado defensas filosóficas sobre el saber, la verdad o el autoconocimiento, que pudieran justificar mi respeto y pasión por la ciencia, y apelo sencillamente al sentido práctico y común: resulta desconcertante comprobar que todos los beneficios de nuestra cultura científica (no será necesario que enumere los enormes progresos para el bienestar general) parecen ser pasados por alto a la hora de juzgarla, como si la costumbre impidiera percibirlos. Es obvio que nuestro mundo es mejorable en muchos aspectos, pero no es optimismo científico exaltado, sino realismo, afirmar que el ser humano, allí donde se han introducido los avances científicos, nunca tuvo en su historia una vida tan fácil como la actual. Es triste que algunos consideren una enemiga a la más clara benefactora de la humanidad. </span></p>
<p><span>(Publicado originalmente en </span><a rel="nofollow" href="http://digital.el-esceptico.org/" target="_blank"><span>El Escéptico Digital</span></a><span>) </span></p>
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		<title>La Carga del Escepticismo</title>
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		<pubDate>Tue, 13 May 2008 16:25:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>artabrio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Carl Sagan]]></category>
		<category><![CDATA[Escepticismo]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Qué es el escepticismo? No es nada esotérico. Nos lo encontramos a diario. Cuando compramos un coche usado, si tenemos el mínimo de sensatez, emplearemos algunas habilidades escépticas residuales (las que nos haya dejado nuestra educación). Podrías decir: &#8220;Este tipo es de apariencia honesta. Aceptaré lo que me ofrezca.&#8221; O podrías decir: &#8220;Bueno, he oído [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=lamejorherramienta.wordpress.com&blog=3710086&post=5&subd=lamejorherramienta&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>¿Qué es el escepticismo? No es nada esotérico. Nos lo encontramos a diario. Cuando compramos un coche usado, si tenemos el mínimo de sensatez, emplearemos algunas habilidades escépticas residuales (las que nos haya dejado nuestra educación). Podrías decir: &#8220;Este tipo es de apariencia honesta. Aceptaré lo que me ofrezca.&#8221; O podrías decir: &#8220;Bueno, he oído que de vez en cuando hay pequeños engaños relacionados con la venta de coches usados, quizá involuntarios por parte del vendedor&#8221;, y luego hacer algo. Le das unas pataditas a los neumáticos, abres las puertas, miras debajo del capó. (Podrías valorar cómo anda el coche aunque no supieses lo que se supone que tendría que haber debajo del capó, o podrías traerte a un amigo aficionado a la mecánica.) Sabes que se requiere algo de escepticismo, y comprendes por qué. Es desagradable que tengas que estar en desacuerdo con el vendedor de coches usados, o que tengas que hacerle algunas preguntas a las que es reacio a contestar. Hay al menos un pequeño grado de confrontación personal relacionado con la compra de un coche usado y nadie afirma que sea especialmente agradable. Pero existe un buen motivo para ello, porque si no empleas un mínimo de escepticismo, si posees una credulidad absolutamente destrabada, probablemente tendrás que pagar un precio tarde o temprano. Entonces desearás haber hecho una pequeña inversión de escepticismo con anterioridad.</p>
<p>Ahora bien, esto no es algo en lo que tengas que emplear cuatro años de carrera para comprenderlo. Todo el mundo lo comprende. El problema es que los coches usados son una cosa, y los anuncios de televisión y los discursos de presidentes y líderes políticos son otra. Somos escépticos en algunas cosas, pero, desafortunadamente, no en otras.</p>
<p>Por ejemplo, hay un tipo de anuncio de aspirina que revela que el producto de la competencia sólo tiene una cierta cantidad del ingrediente analgésico que los médicos recomiendan (no te dicen cuál es el misterioso ingrediente), mientras que su producto tiene una cantidad dramáticamente superior (de 1,2 a 2 veces más por cada pastilla). Por tanto deberías comprar su producto. Pero ¿por qué no simplemente tomar dos pastillas de la competencia? Nadie te ha dicho que preguntes. No apliques escepticismo en este asunto. No pienses. Compra.</p>
<p>Las afirmaciones de los anuncios comerciales constituyen pequeños engaños. Nos hacen gastar algo más de dinero, o nos inducen a comprar un producto algo inferior. No es tan terrible. Pero considera esto: Tengo aquí el programa de este año de la Expo Whole Life de San Francisco. Veinte mil personas asistieron a la del año pasado. He aquí algunas de las presentaciones: &#8220;Tratamientos Alternativos para Enfermos de SIDA: reconstruirá las defensas naturales y prevendrá crisis del sistema inmunitario-aprende sobre los últimos avances que los medios han ignorado por completo.&#8221; Me parece que esa presentación podría causar graves daños. &#8220;Cómo las Proteínas Sanguíneas Atrapadas Producen Dolor y Sufrimiento.&#8221; &#8220;Cristales: ¿Son Talismanes o Piedras?&#8221; (Yo tengo mi propia opinión) Dice: &#8220;Al igual que un cristal enfoca ondas de sonido y luz para la radio y la televisión&#8221; las radios de galena tienen bastante tiempo- &#8220;también podría amplificar las vibraciones espirituales del hombre desintonizado.&#8221; Apuesto a que muy pocos de vosotros estáis desintonizados. O esta otra: &#8220;El Retorno de la Diosa, Ritual de Presentación.&#8221; Otra: &#8220;Sincronicidad, la Experiencia de Reconocimiento.&#8221; Esa la da el &#8220;Hermano Charles&#8221;. O, en la siguiente página: &#8220;Tú, Saint-Germain, y Cómo Curarse Mediante la Llama Violeta.&#8221; Sigue y sigue, con montones de anuncios acerca de las oportunidades (que van desde lo dudoso a lo espurio) disponibles en la Expo Whole Life.</p>
<p>Si tuvieras que bajar a la Tierra en cualquier momento del dominio humano, te encontrarías con un conjunto de sistemas de creencia populares, más o menos similares. Cambian, a veces rápidamente, a veces en una escala de varios años: pero, a veces, sistemas de creencia de este tipo duran muchos miles de años. Al menos unos cuantos están siempre presentes. Creo que es razonable preguntarse por qué. Somos Homo Sapiens. Ésa es nuestra característica diferenciadora, eso de sapiens. Se supone que somos listos. Entonces ¿por qué nos rodea siempre todo ese tema? Bueno, por una parte, muchos de esos sistemas de creencia tratan necesidades humanas reales que no se presentan en nuestra sociedad. Existen necesidades médicas insatisfechas, necesidades espirituales, y necesidades de comunicación con el resto de la comunidad humana. Puede que haya más de esos defectos en nuestra sociedad que en muchas otras de la historia de la humanidad. Por tanto, es razonable para la gente probar y hurgar en varios sistemas de creencia, para ver si ayudan en algo.</p>
<p>Por ejemplo, tomemos una manía de moda: la canalización. Tiene como premisa fundamental, al igual que el espiritualismo, que, cuando morimos, no desaparecemos exactamente, sino que una parte de nosotros continúa. Esa parte, dicen, puede retomar el cuerpo de un humano u otras criaturas en el futuro, y por tanto, personalmente, la muerte pierde mucha amargura para nosotros. Y lo que es más, tenemos una oportunidad, si los argumentos de la canalización son ciertos, de contactar con seres queridos que han muerto.</p>
<p>¿Hemos contactado con los extraterrestres?</p>
<p>Hablando personalmente, yo estaría encantado de que la reencarnación fuese cierta. Perdí a mis dos padres en los últimos años, y me encantaría tener una pequeña conversación con ellos, para decirles cómo están los niños y asegurarme de que todo va bien dondequiera que estén. Eso toca algo muy profundo. Pero, al mismo tiempo, y precisamente por esa razón, sé que hay gente que intenta beneficiarse de las vulnerabilidades de los afligidos. Mejor que los espiritualistas y los canalizadores tengan un argumento convincente.</p>
<p>O tomemos la idea de que, pensando mucho sobre formaciones geológicas, podemos decir dónde hay depósitos de mineral o petróleo. Uri Geller afirma eso. Ahora bien, si eres un ejecutivo de una compañía de exploración de mineral o petróleo, tus garbanzos dependen de que encuentres los minerales o el petróleo: por tanto, gastar cantidades triviales de dinero, comparadas con lo que te gastas a menudo en exploración geológica, en este caso para encontrar físicamente los depósitos, no suena tan mal. Podrías caer en la tentación.</p>
<p>O tomemos a los OVNIs, el argumento de que nos están visitando continuamente seres de otros mundos en naves espaciales. Encuentro esto muy emocionante. Al menos es una ruptura con lo ordinario. He empleado una buena cantidad de tiempo en mi vida científica trabajando en el tema de la búsqueda de inteligencia extraterrestre. Piensa cuánto esfuerzo podría ahorrarme si esos tipos están visitándonos. Pero cuando podemos reconocer alguna vulnerabilidad emocional relacionada con una pretensión, es cuando tenemos que hacer los esfuerzos más firmes de escrutinio escéptico. En esa situación es cuando pueden aprovecharse de nosotros.</p>
<p>Ahora reconsideremos la canalización. Hay una mujer en el Estado de Washington que afirma entrar en contacto con alguien que tiene 35.000 años de edad: Ramtha (quien, por cierto, habla muy bien inglés con lo que me parece un acento indio). Supongamos que tenemos a Ramtha aquí y supongamos que Ramtha es cooperativo. Podríamos hacer algunas preguntas: ¿Cómo sabemos que Ramtha vivió hace 35.000 años? ¿Quién está llevando la cuenta de los milenios que se interponen? ¿Cómo es que son exactamente 35.000 años? Eso es un número muy redondo. ¿35.000 más qué, o menos qué? ¿Cómo eran las cosas hace 35.000 años? ¿Cómo era el clima? ¿Dónde vivió Ramtha? (Sé que habla inglés con un acento indio, pero ¿dónde se hablaba así hace 35.000 años?) ¿Qué come Ramtha? (Los arqueólogos saben algo sobre lo que comía la gente por aquel entonces.) Tendríamos una buena oportunidad de descubrir si sus afirmaciones son ciertas. Si fuera realmente alguien de hace 35.000 años, podríamos aprender mucho sobre hace 35.000 años. Por tanto, de una manera u otra, o Ramtha es realmente alguien de hace 35.000 años, en cuyo caso descubriremos algo sobre ese periodo (que es anterior a la glaciación de Wisconsin, una época interesante), o es un farsante y se equivocará. ¿Cuáles son los idiomas indígenas, cómo es la estructura social, con quién más vive Ramtha (hijos, nietos), cuál es el ciclo de vida, la mortalidad infantil, qué ropas lleva, cuál es su esperanza de vida, qué armas, plantas y animales hay? Dinos. En cambio, lo que oímos son las homilías más banales, indistinguibles de las que los supuestos ocupantes de los OVNIs les dicen a los pobres humanos que afirman haber sido abducidos por ellos.</p>
<p>Ocasionalmente, por cierto, recibo una carta de alguien que está en contacto con un extraterrestre que me invita a &#8220;preguntar lo que sea&#8221;. Así que tengo una lista de preguntas. Los extraterrestres están muy avanzados, recordemos. Por tanto pregunto cosas como: &#8220;Por favor, denme una demostración simple del Último Teorema de Fermat.&#8221; O de la Conjetura de Goldbach. Y luego tengo que explicar qué son estas cosas, porque los extraterrestres no las llamarán Último Teorema de Fermat, así que escribo la pequeña ecuación con sus exponentes. Nunca recibo respuesta. Por otra parte, si le pregunto algo como &#8220;¿Deberíamos ser buenos los humanos?&#8221;, siempre recibo respuesta. Pienso que se puede deducir algo de esta habilidad diferenciada para contestar preguntas. Si son cosas imprecisas y vagas, están encantados de responder, pero si es algo específico, que dé ocasión a descubrir si saben algo realmente, sólo hay silencio.</p>
<p>El científico francés Henri Poincarè hizo una observación sobre por qué la credulidad está tan extendida: &#8220;También sabemos lo cruel que es la verdad a menudo, y nos preguntamos si el engaño no es más consolador.&#8221; Eso es lo que he intentado decir con mis ejemplos. Pero no creo que ésa sea la única razón por la que la credulidad está extendida. El escepticismo desafía a instituciones establecidas. Si enseñamos a todo el mundo, digamos a los estudiantes de instituto, el hábito de ser escépticos, quizá no limiten su escepticismo a los anuncios de aspirinas y a los canalizadores de 35.000 años. Puede que empiecen a hacerse inoportunas preguntas sobre las instituciones económicas, o sociales, o políticas o religiosas. ¿Luego dónde estaremos?</p>
<p>El escepticismo es peligroso. Ésa es precisamente su función, en mi opinión. Es menester del escepticismo el ser peligroso. Y es por eso que hay una gran renuencia a enseñarlo en las escuelas. Es por eso que no encontramos un dominio general del escepticismo en los medios. Por otra parte, ¿cómo evitaremos un peligroso futuro si no poseemos las herramientas intelectuales elementales para hacer preguntas agudas a aquéllos que están nominalmente al cargo, especialmente en una democracia?</p>
<p>Creo que éste es un buen momento para reflexionar sobre el tipo de problema nacional que se podría haber evitado si el escepticismo estuviese más disponible en la sociedad americana. El fiasco de Irán/Nicaragua es un ejemplo tan obvio que no tomaré ventaja de nuestro pobre y hostigado presidente (Reagan) hablando sobre ello. La resistencia de la Administración a un Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares y su continua pasión por aumentar las armas nucleares (uno de los pilotos principales en la carrera nuclear) bajo el pretexto de estar más seguros es otro asunto semejante. También lo es La Guerra de las Galaxias. Los hábitos de pensamiento escéptico que fomenta el CSICOP tienen relevancia para asuntos de la mayor importancia para la nación. Hay tantas tonterías promulgadas por los partidos políticos que el hábito de escepticismo imparcial debería declararse un objetivo nacional esencial para nuestra supervivencia.</p>
<p>Quiero decir algo más sobre la carga del escepticismo. Se puede coger un hábito de pensamiento en el que te diviertes burlándote de toda la gente que no ve las cosas tan bien como tú. Esto es un peligro social potencial, presente en una organización como el CSICOP. Tenemos que protegernos cuidadosamente de esto.</p>
<p>Me parece que lo que se necesita es un equilibrio exquisito entre dos necesidades conflictivas: el mayor escrutinio escéptico de todas las hipótesis que se nos presentan, y al mismo tiempo una actitud muy abierta a las nuevas ideas. Obviamente, estas dos maneras de pensar están en cierta tensión. Pero si sólo puedes ejercitar una de ellas, sea cual sea, tienes un grave problema.</p>
<p>Si sólo eres escéptico, entonces no te llegan nuevas ideas. Nunca aprendes nada nuevo. Te conviertes en un viejo cascarrabias convencido de que la estupidez gobierna el mundo. (Existen, por supuesto, muchos datos que te apoyan.) Pero de vez en cuando, quizá uno entre cien casos, una nueva idea resulta estar en lo cierto, ser válida y maravillosa. Si tienes demasiado arraigado el hábito de ser escéptico en todo, vas a pasarla por alto o tomarla a mal, y en ningún caso estarás en la vía del entendimiento y del progreso.</p>
<p>Por otra parte, si eres receptivo hasta el punto de la mera credulidad y no tienes una pizca de sentido del escepticismo, entonces no puedes distinguir las ideas útiles de las inútiles. Si todas las ideas tienen igual validez, estás perdido, porque entonces, me parece, ninguna idea tiene validez alguna.</p>
<p>Algunas ideas son mejores que otras. El mecanismo para distinguirlas es una herramienta esencial para tratar con el mundo y especialmente para tratar con el futuro. Y es precisamente la mezcla de estas dos maneras de pensar el motivo central del éxito de la ciencia.</p>
<p>Los científicos realmente buenos practican ambas. Por su cuenta, cuando hablan consigo mismos, amontonan grandes cantidades de nuevas ideas y las critican implacablemente. La mayoría de ellas nunca llega al mundo exterior. Sólo las ideas que pasan por rigurosos filtros salen y son criticadas por el resto de la comunidad científica. A veces ocurre que las ideas que son aceptadas por todo el mundo resultan ser erróneas, o al menos parcialmente erróneas, o al menos son reemplazadas por ideas de mayor generalidad. Y, aunque, por supuesto, existen algunas pérdidas personales (vínculos emocionales con la idea de que tú mismo has jugado un papel inventivo), no obstante la ética colectiva es que, cada vez que una idea así es derribada y reemplazada por algo mejor, la misión de la ciencia ha salido beneficiada. En ciencia, ocurre a menudo que los científicos dicen: &#8220;¿Sabes?, ése es un gran argumento; yo estaba equivocado.&#8221; Y luego cambian su mentalidad y jamás se vuelve a escuchar de sus bocas esa vieja opinión. Realmente hacen eso. No ocurre tan a menudo como debiera, porque los científicos son humanos y el cambio es a veces doloroso. Pero ocurre a diario. No soy capaz de recordar la última vez que pasó algo así en la política o en la religión. Es muy raro que un senador, por ejemplo, responda: &#8220;Ése es un buen argumento. Voy a cambiar mi afiliación política.&#8221;</p>
<p>Me gustaría decir unas cuantas cosas sobre las estimulantes sesiones sobre la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI) y sobre el lenguaje animal en nuestra conferencia del CSICOP. En la historia de la ciencia, existe un instructivo desfile de importantes batallas intelectuales que resultan tratar todas ellas sobre lo centrales que son los seres humanos. Podríamos llamarlas batallas sobre la presunción anti-copernicana.</p>
<p>¿Cuál es nuestra posición en el Universo?</p>
<p>He aquí algunas de las cuestiones:</p>
<p>Somos el centro del Universo. Todos los planetas y las estrellas y el Sol y la Luna giran alrededor nuestro. (Chico, debemos ser realmente especiales.)</p>
<p>Ésa era la creencia impuesta (Aristarco aparte) hasta la época de Copérnico. Le gustaba a mucha gente porque les daba una posición central personalmente injustificada en el Universo. El mero hecho de estar en la Tierra te hacía privilegiado. Eso te hacía sentir bien. Luego llegó la prueba de que la Tierra era sólo un planeta y de que esos puntos brillantes en movimiento eran también panetas. Decepcionante. Incluso deprimente. Mejor cuando éramos centrales y únicos.</p>
<p>Pero al menos nuestro Sol está en el centro del Universo.</p>
<p>No, esas otras estrellas también son soles, y lo que es más, nos encontramos en las afueras de la galaxia. No estamos nada cerca del centro de la galaxia. Muy deprimente.</p>
<p>Bueno, al menos la Vía Láctea está en el centro del Universo.</p>
<p>Luego un poco más de progreso científico. Descubrimos que no existe eso del centro del Universo. Lo que es más, hay cien mil millones de galaxias más. Ésta no tiene nada de especial. Completamente deprimente.</p>
<p>Bueno, al menos nosotros, los humanos, somos el pináculo de la creación. Somos aparte. Todas esas criaturas, las plantas y los animales, son inferiores. Nosotros somos superiores, no tenemos conexión con ellos. Todo ser viviente ha sido creado separadamente.</p>
<p>Luego viene Darwin. Descubrimos una continuidad evolucionaria. Estamos relacionados estrechamente con las otras bestias y vegetales. Lo que es más, nuestros parientes biológicos más cercanos son los chimpancés. Ésos son nuestros parientes más cercanos (¿esos bichos?) Es una vergüenza. ¿Has ido alguna vez al zoo y los has visto? ¿Sabes lo que hacen? Imagina lo embarazosa que era esta verdad en la Inglaterra victoriana, cuando Darwin tuvo esta idea.</p>
<p>Hay otros ejemplos importantes (sistemas de referencia privilegiados en física y la mente inconsciente en psicología) que pasaré por alto.</p>
<p>Mantengo que en la tradición de este largo conjunto de debates (cada uno de los cuales ha sido ganado por los copernicanos, por los tipos que dicen que no hay nada especial en nosotros), hubo una nota callada profundamente emocional en los debates de las dos sesiones del CSICOP que he mencionado. La búsqueda de inteligencia extraterrestre y el análisis de un posible lenguaje animal hieren a uno de los sistemas de creencia pre-copernicanos que quedan:</p>
<p>Al menos somos las criaturas más inteligentes de todo el Universo.</p>
<p>Si no existen más chicos listos en ninguna parte, aunque estemos relacionados con los chimpancés, aunque estemos en las afueras de un universo vasto y tremendo, al menos todavía nos queda algo especial. Pero, en el momento que encontremos inteligencia extraterrestre, se perderá el último pedazo de presunción. Creo que parte de la resistencia a la idea de la inteligencia extraterrestre es debida a la presunción anti-copernicana. Asimismo, sin tomar ninguna postura en el debate de si hay otros animales (los primates superiores, especialmente los grandes monos) inteligentes o con un lenguaje, es claramente, a nivel emocional, la misma cuestión. Si definimos a los humanos como criaturas que tienen lenguaje y nadie más tiene lenguaje, al menos somos únicos en ese aspecto. Pero si resulta que todos esos sucios, repugnantes y graciosos chimpancés pueden, con el Ameslan o de cualquier otra manera, comunicar ideas, entonces ¿qué nos queda de especial a nosotros? En los debates científicos existen, a menudo inconscientemente, impulsoras predisposiciones emocionales sobre estas cuestiones. Es importante darse cuenta de que los debates científicos, al igual que los debates seudo científicos, pueden llenarse de emociones por todas estas razones.</p>
<p>¿Estamos solos en el universo?</p>
<p>Ahora echemos un vistazo más de cerca a la búsqueda de inteligencia extraterrestre por radio. ¿En qué se diferencia de la seudo ciencia? Dejadme contar un par de casos reales. A principios de los sesenta, los soviéticos ofrecieron una rueda de prensa en Moscú en la que anunciaron que una fuente distante de radio, llamada CTA-102, estaba variando sinusoidalmente, como una onda seno, con un periodo de unos 100 días. ¿Por qué convocaron una rueda de prensa para anunciar que una fuente distante de radio estaba variando? Porque pensaban que era una civilización extraterrestre de inmenso poder. Eso se merece convocar una rueda de prensa. Esto es incluso anterior a la existencia de la palabra cuásar. Hoy sabemos que CTA-102 es un cuásar. No sabemos muy bien lo que es un cuásar: y existe más de una explicación para ellos mutuamente exclusiva en la literatura científica. No obstante, pocos consideran seriamente que un cuásar, como CTA-102, sea una civilización galáctica extraterrestre, porque hay un número de explicaciones alternativas de sus propiedades que son más o menos consistentes con las leyes físicas que conocemos sin evocar a la vida alienígena. La hipótisis extraterrestre es una hipótesis de último recurso. Sólo si falla todo lo demás se acude a ella.</p>
<p>Segundo ejemplo: en 1967, científicos británicos encontraron una fuente de radio cercana que fluctuaba en un periodo de tiempo mucho más corto, con un periodo constante de hasta diez cifras significativas. ¿Qué era? Su primer pensamiento fue que era algo como un mensaje que se nos estaba enviando, o un faro de navegación interestelar para las naves espaciales que volaban entre las estrellas. Incluso le dieron, entre los de la Universidad de Cambridge, el pervertido nombre de LGM-1 (Little Green Men, u Hombrecillos Verdes). Sin embargo (eran más listos que los soviéticos), no convocaron una rueda de prensa, y pronto se hizo claro que lo que tenían era lo que ahora se llama un púlsar. De hecho fue el primer púlsar, el púlsar de la Nebulosa Cangrejo. Bueno, ¿qué es un púlsar? Un púlsar es una estrella comprimida hasta el tamaño de una ciudad, soportada como no lo está ninguna otra estrella, no por presión gaseosa, no por exclusión electrónica, sino por las fuerzas nucleares. Es, en cierto sentido, un núcleo atómico del tamaño de Pasadena. Sostengo que esa es una idea al menos tan rara como la del faro de navegación interestelar. La respuesta a lo que es un púlsar tiene que ser algo muy extraño. No es una civilización extraterrestre, es otra cosa: pero otra cosa que abre nuestros ojos y mentes e indica posibilidades en la naturaleza que nunca habríamos adivinado.</p>
<p>Luego está la cuestión de los falsos positivos. Frank Drake en su original experimento Ozma, Paul Horowitz en el programa META (Megachannel Extraterrestrial Assay) patrocinado por la Sociedad Planetaria, el grupo de la Universidad de Ohio y muchos otros grupos han recibido señales que han hecho palpitar sus corazones. Piensan por un momento que han captado una señal genuina. En algunos casos no tenemos la menor idea de lo que fue; las señales no se han repetido. La noche siguiente apuntas el mismo telescopio al mismo punto en el cielo con la misma modulación y la misma frecuencia, y lo pasa-bandas todo de la misma manera, y no oyes nada. No publicas esos datos. Puede ser un mal funcionamiento del sistema de detección. Puede ser un avión militar AWACS revoloteando y emitiendo en canales de frecuencia supuestamente reservados para la radioastronomía. Puede ser un aparato de diatermia en la misma calle. Hay muchas posibilidades. No se declara inmediatamente que has descubierto inteligencia extraterrestre sólo porque has encontrado una señal anómala.</p>
<p>Y si se repitiese, ¿lo anunciarías? No. Puede ser una broma. Puede ser algo que le pasa a tu sistema y que no eres capaz de descifrar. En cambio, llamarías a los científicos de un montón de radiotelescopios y les dirías que en ese punto particular del cielo, a esa frecuencia, modulación, y banda y todo eso, pareces captar algo curioso. ¿Por favor, podrían mirar si captan algo parecido? Y sólo si obtienen la misma información varios observadores independientes del mismo punto del cielo piensas que tienes algo. Aun entonces sigues sin saber que ese algo es inteligencia extraterrestre, pero al menos has podido determinar que no es algo de la Tierra. (Y también que no es algo en órbita terrestre; está más lejos que eso.) Este es el primer plan de acción que se requiere para asegurarse de que realmente tienes una señal de una civilización extraterrestre.</p>
<p>Fíjate que hay una cierta disciplina implicada. El escepticismo impone una carga. No puedes salir y gritar pequeños hombrecillos verdes, porque vas a parecer muy tonto, como les pasó a los soviéticos con el CTA-102, que resultó ser algo muy distinto. Es necesaria una cautela especial cuanto las implicaciones son de tanta importancia como aquí. No estamos obligados a decidirnos por algo en cuanto tenemos unos datos. No pasa nada por no estar seguros.</p>
<p>Me suelen preguntar: &#8220;¿Crees que existe inteligencia extraterrestre?&#8221; Y yo respondo con los argumentos habituales. Hay un montón de lugares allá afuera, miles de millones. Luego digo que me sorprendería mucho que no existiese inteligencia extraterrestre, pero que por supuesto no tenemos pruebas concluyentes de ello. Y luego me preguntan: &#8220;Vale, pero ¿qué es lo que crees realmente?&#8221; Y respondo: &#8220;Ya te he dicho lo que creo.&#8221; &#8220;Sí, pero ¿qué te dicen tus entrañas?&#8221; Pero yo no intento pensar con mis entrañas. En serio, es mejor reservarse la opinión hasta que tengamos pruebas.</p>
<p>Después de que se publicase mi artículo El Arte de la Detección de Camelos en Parade (1 feb. 1987), recibió, como puedes imaginar, un montón de cartas. Parade es leído por 65 millones de personas. En el artículo di una larga lista de cosas que eran presuntos o demostrados camelos (treinta o cuarenta). Los defensores de todas esas cosas resultaron uniformemente ofendidos, por lo que recibí montones de cartas. También ofrecí un conjunto de instrucciones muy elementales acerca de cómo tratar a los camelos (los argumentos de una autoridad no valen, todos los pasos de una cadena de evidencias tienen que ser válidos, etcétera). Mucha gente contestó diciendo: &#8220;Tiene usted toda la razón en las generalidades; desafortunadamente, eso no es aplicable a mi doctrina particular.&#8221; Por ejemplo, uno de ellos decía que la idea de que existe inteligencia extraterrestre fuera de la Tierra es un ejemplo de excelente camelo. Concluía: &#8220;Estoy tan seguro de esto como de cualquier otra cosa en mi experiencia. No hay vida consciente en otro lugar del Universo. El Hombre vuelve así a su legítima posición en el centro del Universo.&#8221;</p>
<p>Otro remitente también estaba de acuerdo con todas mis generalidades, pero decía que, como escéptico empedernido, yo había cerrado mi mente a la verdad. Más notablemente, he ignorado la evidencia de que la Tierra tiene seismil años de antigüedad. Bueno, no la he ignorado; he considerado la supuesta evidencia y luego la he rechazado. Existe una diferencia, y ésta es una diferencia, podríamos decir, entre prejuicio y postjuicio. Prejuicio es hacer un juicio antes de considerar los hechos. Postjuicio es hacer un juicio después de considerarlos. El prejuicio es terrible, en el sentido de que se cometen injusticias y graves errores. El postjuicio no es terrible. Por supuesto, no puedes ser perfecto; también puedes cometer errores. Pero es permisible hacer un juicio después de haber examinado la evidencia. En algunos círculos incluso se fomenta.</p>
<p>Creo que parte de lo que impulsa a la ciencia es la sed de maravilla. Es una emoción muy poderosa. Todos los niños la sienten. En una clase de parvulario, todos la sienten; en una clase de bachillerato casi nadie la siente, o siquiera la reconoce. Algo pasa entre el parvulario y el bachillerato, y no es sólo la pubertad. No sólo los colegios y los medios no enseñan mucho escepticismo, tampoco se fomenta mucho este emocionante sentido de lo maravilloso. Ambas ciencia y seudo ciencia despiertan ese sentimiento. Una pobre popularización de la ciencia establece un nicho ecológico para la seudo ciencia.</p>
<p>Si la ciencia se explicase a la gente de a pie de una manera accesible y excitante, no habría sitio para la seudo ciencia. Pero existe una especie de Ley de Gresham por la que, en la cultura popular, la mala ciencia expulsa a la buena. Y por esto pienso que tenemos que culpar, primero, la comunidad científica por no hacer un mejor trabajo popularizando la ciencia, y segundo, a los medios, que a este respecto son casi por completo inútiles. Todo periódico americano tiene una columna diaria de astrología. ¿Cuántos tienen siquiera una columna semanal de astronomía? Y también pienso que es culpa del sistema educativo. No enseñamos a pensar. Esto es un error muy serio que podría incluso, en un mundo infestado con 60.000 armas nucleares, comprometer el futuro de la humanidad.</p>
<p>Sostengo que hay mucha más maravilla en la ciencia que en la seudo ciencia. Y además, en la medida que esto tenga algún significado, la ciencia tiene como virtud adicional (y no es una despreciable) su veracidad.</p>
<p><em>Copyright 1987 por Carl Sagan. Este artículo aparece en la revista Skeptical Iquirer, vol. 12, otoño de 1987</em></p>
<p><strong>Carl Sagan fue profesor de la cátedra David Duncan de Astronomía y Ciencias Espaciales en la Universidad de Cornell, responsable de misiones de la NASA como la Mariner, Viking, Voyager y Galileo, instructor de astronautas, genial divulgador científico, cofundador de la Sociedad Planetaria y gran activista escéptico contra las pseudociencias. Entre los numerosos premios que ha recibido se encuentran el Pullitzer, el Apollo, el Masursky y la medalla al Bienestar Público. El asteroide 2709 fue bautizado con su nombre.</strong></p>
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		<title>Conocimiento y análisis crítico (O cuando una teoría es buena&#8230;)</title>
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		<pubDate>Mon, 12 May 2008 21:35:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>artabrio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Método científico]]></category>

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		<description><![CDATA[La gente no está evaluando correctamente la información que recibe. Nos bombardean constantemente en los medios de comunicación con información que es muy dudosa, cuando no tendenciosa o falsa. La actitud crédula proviene de que nos dicen (los gobiernos, las escuelas, las iglesias, los padres&#8230;) qué debemos pensar y qué no. Ése es el problema: [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=lamejorherramienta.wordpress.com&blog=3710086&post=4&subd=lamejorherramienta&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>La gente no está evaluando correctamente la información que recibe. Nos bombardean constantemente en los medios de comunicación con información que es muy dudosa, cuando no tendenciosa o falsa. La actitud crédula proviene de que nos dicen (los gobiernos, las escuelas, las iglesias, los padres&#8230;) qué debemos pensar y qué no. Ése es el problema: nos enseñan qué pensar en lugar de enseñarnos cómo pensar.</p>
<p>Reflexionemos: ¿cómo podemos analizar críticamente una información? (o sea, ser escépticos en el sentido positivo de la palabra. La palabra viene del griego skeptikós y quiere decir &#8220;hay que considerar&#8221;). Lo primero es aprender a preguntarnos qué nos dicen, e intentar separar lo importante de lo que no lo es. ¿Qué me están diciendo exactamente? ¿Hay explicaciones alternativas a la que me dan? ¿Me han contado toda la historia o sólo parte de ella?</p>
<p>Vamos a centrarnos en las pseudociencias. Hay muchas y cada día oímos hablar de alguna (o varias) de ellas: Astrología, Percepción extrasensorial, Espiritismo, Biorritmos. Mitologías arcaicas, Cábala, Quiromancia, Tarot, Regresiones a vidas pasadas, Vida tras la muerte, Viajes astrales, OVNIS, Atlántida, Lemuria, Poder de las pirámides, Triángulo de las Bermudas, Antiguos astronautas, Mecánica cuántica esotérica, Psicología transpersonal, Teosofía, Antroposofía, Cienciología, Psicoquinesia, Monstruos (el Yeti), Fotografías de Kirlian (Auras), Meditación transcendental, Curaciones por la fe, Parapsicología, Iridoterapia, Homeopatía, Influjo de la luna, Ciencia de la Creación, Adivinación, Clarividencia&#8230; y muchas más.</p>
<p>¿Cómo distinguir si son verdad o no? ¿Alguien las ha examinado imparcialmente y en detalle? Contrariamente a lo que la gente piensa, las creencias en todas esas pseudociencias sí se han estudiado en detalle por científicos y psicólogos y el resultado es que ninguna creencia &#8220;paranormal&#8221; ha superado las pruebas necesarias para ser considerada aceptable científicamente. Estas pruebas son, en resumen, las seis siguientes, y forman nuestra &#8220;caja de herramientas&#8221; para analizar adecuadamente toda información importante que recibamos. Las tres primeras pruebas son imprescindibles: toda teoría buena debe superarlas. Las tres últimas son convenientes siempre, y en muchos casos también necesarias. Veremos todo ello con ejemplos.</p>
<p><strong>¿Cuándo una teoría es buena?</strong></p>
<p>Una buena teoría, aceptable científicamente, debe ser <strong>vulnerable, lógica y completa</strong>.</p>
<p><strong>-Vulnerable</strong>: para ser buena, una teoría debe poder ser falsa. Aquí tenemos que pensar despacio porque parece un contrasentido. Decimos que una teoría es vulnerable cuando es posible proponer pruebas que demuestren que es falsa si realmente es falsa. Es un criterio muy inteligente y sofisticado; lo entenderemos con ejemplos.</p>
<p>Ejemplo de propuesta buena: &#8220;Los hombres viven menos de 200 años&#8221;. Es buena porque, hasta donde sabemos, los hombres viven menos de 200 años, pero también porque es vulnerable: un sólo caso de hombre con más de 200 años demostraría que la propuesta es falsa.</p>
<p>Ejemplo de propuesta mala: &#8220;El cuarzo se emplea en cristalterapia para restablecer el balance y la armonía de la energía espiritual de una persona&#8221;. Es mala porque es vaga (¿qué significa realmente &#8220;restablecer el balance y la armonía de la energía espiritual de una persona&#8221;?) Pero también es mala porque no es vulnerable, porque no podemos medir cuándo se restablece tal cosa y cuándo no. No podemos saber si la propuesta es falsa o no. Es una propuesta vacía, sin sentido.</p>
<p>Otro modo muy habitual de hacer teorías o propuestas que no son vulnerables (teorías que no debemos aceptar, por tanto) es respondiendo con múltiples excusas indemostrables a las evidencias que puedan hacerse contra esa teoría. Lo veremos con un ejemplo, el de los OVNIS, que seguramente todo el mundo ha oído más de una vez: Nos dicen que hay fotos de OVNIS, pero cuando los expertos que las estudian dicen que no proporcionan pruebas convincentes sobre extraterrestres, contestan que debe haber una &#8220;conspiración secreta&#8221; de los gobiernos para ocultarlas. Cuando se les contesta que por qué querrían los gobiernos ocultar algo tan importante, dicen que es para evitar un pánico colectivo, y cuando se les dice que en otros casos (p. ej. la posibilidad de que un asteroide choque con la Tierra) sí hay información sobre los programas gubernamentales de detección y prevención, dicen que, en el caso de los OVNI, los militares quieren saber qué tecnología usan los supuestos extraterrestres (pero que no lo averigüe &#8220;el enemigo&#8221;), y etc. etc. Así que, como se puede ver, acabamos agotados, pero no nos han demostrado nada. No hay que creerlos.</p>
<p>¿Son vulnerables las teorías científicas, por ejemplo, la teoría de la gravitación de Einstein? Sí, porque propone experimentos claros que, si hubieran fallado habrían invalidado la teoría. Hasta hoy todos los experimentos han confirmado la teoría de Einstein con una precisión asombrosa. ¿Podemos entonces decir que la teoría de la gravitación de Einstein es la teoría verdadera, es la correcta? Pues no, porque alguien podría en el futuro proponer algún nuevo experimento cuyo resultado acabara invalidando la teoría. Hasta hoy a nadie se le ha ocurrido tal experimento, así que lo que podemos decir, para ser rigurosos, es que la teoría de la gravitación de Einstein es &#8220;tentativamente verdadera&#8221;. Fíjense lo prudentes que son los científicos y lo insensatos que pueden llegar a ser los llamados &#8220;paracientíficos&#8221;.</p>
<p><strong>-Lógica</strong>: los argumentos deben ser incontestables, es decir, deben ser argumentos válidos y con todas sus premisas verdaderas.</p>
<p>Ej. de argumento no válido: &#8220;Todos los perros tienen pulgas. Sultán tiene pulgas, luego Sultán es un perro&#8221; (observen, primero, que no todos los perros tienen necesariamente pulgas, y segundo, que, aunque así fuera, si existiera un sólo gato llamado Sultán que tuviera pulgas ya fallaría la propuesta).</p>
<p>Ej. de argumento válido pero no incontestable: &#8220;Todos los perros tienen pulgas. Sultán es un perro, luego Sultán tiene pulgas&#8221;. Como hemos visto, la primera premisa no es verdadera. No es un argumento incontestable aunque sea válido. No nos sirve.</p>
<p>Es divertido analizar las informaciones que nos dan (y no sólo de pseudociencia) con las herramientas de la lógica.</p>
<p><strong>-Completa</strong>: se deben considerar todas las evidencias, y no sólo aquéllas que apoyan lo que se propone. Obvio ¿no?&#8230; pero analicemos los argumentos de los paracientíficos y de los políticos&#8230;</p>
<p>En una teoría buena científicamente debemos, además, pedir:</p>
<p><strong>-Honradez en los proponentes</strong>: deben estar dispuestos a aceptar que su propuesta es falsa si se demuestra que es falsa. Es honrado quien al proponer algo y tras examinar todas las evidencias, acepta la conclusión, aunque esa conclusión sea contraria a sus ideas anteriores.</p>
<p>Ej. de falta de honradez: Cita de un parapsicólogo: &#8220;Tras numerosos intentos de confirmar sin éxito un resultado positivo inicial del fenómeno psi, concluímos que psi debe ser un fenómeno esquivo&#8221;. Lo honrado sería decir que lo más probable es que el primer resultado positivo fuera una mera coincidencia.</p>
<p><strong>-Repetitividad</strong>: en los resultados. Es un seguro contra fraudes, errores y coincidencias.</p>
<p>Ej. de repetitividad: dejen caer una cosa al suelo. La gravedad funciona ¿verdad?</p>
<p>Ej. de no repetitividad: el famoso buscador de personas Gerard Croiset hizo miles de predicciones en sus cuarenta años de carrera (&#8220;adivinaba&#8221; dónde encontrar a los desaparecidos). La mayoría resultaron ser predicciones vagas, erróneas o simplemente falsas. Alguna resultó ser un &#8220;logro espectacular&#8221; pero explicable, por azar, entre los miles de intentos realizados.</p>
<p><strong>-Suficiencia</strong>: proposiciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias. Quien propone algo importante es quien tiene que demostrarlo con pruebas convincentes.</p>
<p>Ej. de una propuesta poco importante: &#8220;Mi suegra dice que quizá vaya a llover hoy&#8221;. Bueno, no exijamos muchas pruebas para esto.</p>
<p>Ej. de una propuesta extraordinaria: &#8220;Mi suegra dice que ha visto un extraterrestre en el patio, pero que ya se ha ido en su OVNI&#8221;. Saber si hay vida extraterrestre es muy importante. Exijamos pruebas suficientes.</p>
<p>Ej. de un argumento muy habitual entre los defensores de los OVNIS: &#8220;Dado que algunos de los casos de OVNIS no se ha podido probar que sean falsos, implica que son verdaderos, que los OVNIS son naves extraterrestres&#8221;. Fíjense que el argumento es doblemente malo: por un lado son ellos, los proponentes de los OVNIS, quienes tienen que demostrar con pruebas convincentes que los OVNIS existen y que son extraterrestres y no los demás los que tenemos que demostrar que todos los casos son falsos. Por otro lado, no vale con que aporten pruebas negativas (&#8220;como no se me ocurre otra explicación tiene que ser que&#8230;&#8221;) o de poco peso. Tienen que aportar pruebas a la altura de lo que se propone.</p>
<p>El resumen importante que debemos recordar es que ninguna creencia &#8220;paranormal&#8221; ha superado las pruebas anteriores y ninguna puede ser considerada aceptable científicamente.</p>
<p>Pero&#8230; ¿funcionan las pseudociencias o no?</p>
<p>Sin embargo, pueden decirnos: &#8220;muy bien, acepto que no hay una buena teoría para explicar (por ejemplo) la astrología. Pero los científicos dicen que ellos tampoco tienen aún la teoría verdadera para la gravedad, así que ¿por qué no aceptar la astrología?&#8221; La respuesta es que las teorías cientifícas funcionan (explican la realidad) y las pseudociencias no funcionan. ¿Qué queremos decir con esto? Pues que, aún sin saber cómo o por qué funciona algo, podemos saber si funciona o no. Por ejemplo: mucha gente no tiene ni idea de cómo funciona internamente un CD o una televisión. Sin embargo pueden comprobar con un experimento muy simple (enchufándolo) si funciona o no. Nadie aceptaría comprar un CD que no funcionara (aunque no tenga ni idea de cómo funciona).</p>
<p>Las pseudociencias no funcionan. Hay cientos de estudios sobre esto (¿funciona la telepatía, la telekinesia, la percepción extrasensorial, etc?) y los resultados han sido siempre negativos. Pero no hace falta explicarlos en detalle uno a uno a los alumnos, ni entrar en polémicas con los paracientíficos. La gente se convence cuando sabe que hay un premio de un millón de dólares (donado por la fundación Randi en 1996; http://www.randi.org/) para el primero que demuestre que alguna de esas pseudociencias funciona (aunque no supiera nadie por qué funciona). Hay cola para presentarse, pero el premio está desierto desde que se ofreció.</p>
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		<title>Primer post. Objetivos del blog.</title>
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		<pubDate>Mon, 12 May 2008 21:26:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>artabrio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Muy buenas a todos.
Me gustaría desde este pequeño blog llevar a cabo un humilde acercamiento a la ciencia, al método científico y al pensamiento racional/escéptico, que muchas veces aplicamos en la vida cotidiana sin darnos cuenta. Este es un humilde acercamiento, como ya he dicho, ya que considero que hay gente mucho más preparada que [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=lamejorherramienta.wordpress.com&blog=3710086&post=3&subd=lamejorherramienta&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Muy buenas a todos.</p>
<p>Me gustaría desde este pequeño blog llevar a cabo un humilde acercamiento a la ciencia, al método científico y al pensamiento racional/escéptico, que muchas veces aplicamos en la vida cotidiana sin darnos cuenta. Este es un humilde acercamiento, como ya he dicho, ya que considero que hay gente mucho más preparada que yo para opinar y debatir de ciencia, por lo que muchas de las entradas de este blog serán copiadas de otros muchos blogs o sitios de internet, junto con algún que otro comentario de mi propia cosecha para aderezarlo todo. Pretendo con ello enriquecerme personalmente, seguir aprendiendo y realizar un compendio de mis artículos y entradas de ciencia, pensamiento racional y escepticismo favoritas. Confío en lograr un blog ameno, interesante y divulgativo, que sea fácil de leer. Vamos a ver que es lo que sale <img src='http://s.wordpress.com/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';-)' class='wp-smiley' /> </p>
<p>Saludos cordiales</p>
<img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/lamejorherramienta.wordpress.com/3/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/lamejorherramienta.wordpress.com/3/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/lamejorherramienta.wordpress.com/3/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/lamejorherramienta.wordpress.com/3/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/lamejorherramienta.wordpress.com/3/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/lamejorherramienta.wordpress.com/3/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/lamejorherramienta.wordpress.com/3/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/lamejorherramienta.wordpress.com/3/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/lamejorherramienta.wordpress.com/3/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/lamejorherramienta.wordpress.com/3/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/lamejorherramienta.wordpress.com/3/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/lamejorherramienta.wordpress.com/3/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=lamejorherramienta.wordpress.com&blog=3710086&post=3&subd=lamejorherramienta&ref=&feed=1" /></div>]]></content:encoded>
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